El proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE), que buscaba crear una empresa para concentrar los principales activos comerciales de la FIFA y vender alrededor del 20% de ellos a fondos de inversión, terminó por dinamitar la relación entre la UEFA y Gianni Infantino. La propuesta, valorizada en unos 20.000 millones de dólares, prometía mayores ingresos para las federaciones afiliadas, pero fue elaborada con una falta de transparencia que generó duras críticas. Tras el fracaso de la iniciativa, que la FIFA retiró oficialmente, el organismo europeo elevó la presión sobre el presidente del ente rector del fútbol mundial.
Según el diario británico The Telegraph, la UEFA considera que Infantino perdió la confianza del fútbol continental y que se necesita un cambio de liderazgo para recuperar la credibilidad de la institución. La postura europea, ahora endurecida, deja al presidente de la FIFA en su momento más delicado desde que asumió el cargo. El conflicto no solo evidenció las grietas entre ambos organismos, sino que puso en la agenda la posibilidad de una salida anticipada del dirigente, algo que hasta hace poco parecía impensable.
La crisis, que estalló después de que la FIFA diera marcha atrás con la privatización del Mundial, refleja el creciente malestar europeo con la gestión del dirigente suizo. La UEFA, que ya había mostrado reparos en etapas anteriores, pasó ahora a una exigencia concreta: la renuncia de Infantino.
El quiebre con la UEFA se convierte así en el mayor desafío político que enfrenta Gianni Infantino desde que asumió la presidencia de la FIFA en 2016. La organización europea considera que el daño institucional ya está hecho y, según The Telegraph, entiende que la confianza en el dirigente quedó seriamente comprometida. El medio británico añade que varios dirigentes europeos creen que el actual presidente debería dejar el cargo y abrir paso a una nueva etapa en el organismo, al tiempo que reclaman una reforma profunda en la forma en que se toman las decisiones dentro de la entidad.
La marcha atrás de Infantino, quien anunció el retiro definitivo de la iniciativa al reconocer que la propuesta había provocado una profunda división entre las asociaciones miembro y amenazaba con fracturar la gobernanza del fútbol internacional, no fue suficiente para calmar las aguas. Esa fuerte oposición de la UEFA, sumada al rechazo de otras confederaciones y de altos dirigentes de la propia FIFA, fue lo que obligó al titular del máximo organismo del fútbol mundial a dar marcha atrás.
Aunque Infantino mantiene respaldo en distintas federaciones de Asia, África y América, el distanciamiento con la UEFA podría marcar un punto de inflexión en su gestión y abrir un nuevo escenario de cara a las próximas elecciones del máximo organismo del fútbol mundial.
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