“María, ayer el gran Franco Baresi, gloria del club AC Milan de la Liga italiana, falleció a los 66 años de edad víctima del cáncer”. Con esas palabras, mi amigo Gary, fotógrafo de profesión, rompió el silencio mientras degustaba unas chuletas fritas con arroz, alverjita verde y ensalada fresca, acompañadas de una jarrita de chicha morada.

La noticia lo había golpeado. Y es que Baresi, pese a ser un deportista de élite, no pudo escapar de la enfermedad. Hace solo un año le descubrieron un nódulo en uno de sus pulmones; el mal avanzó con rapidez y terminó por arrebatarle la vida en poco tiempo.

La conversación derivó entonces en un tema que nos toca de cerca. Gary me contó que varios de sus amigos, algunos ya en la base seis o a punto de llegar a esa etapa, arrastran diversas dolencias: diabetes, presión alta, cáncer, inflamación de la próstata y úlceras estomacales. Ya no toleran las amanecidas, el licor, las comidas grasosas, las gaseosas ni los pasteles. “De un momento a otro, compañeros de estudios, vecinos o amigos de la vida aparecen internados en hospitales”, reflexionó.

Unos logran recuperarse; otros, lamentablemente, no corren la misma suerte. Por eso, insistió, es fundamental adoptar desde ahora un estilo de vida saludable que combine deporte, buena alimentación —con verduras, frutas y grasas saludables—, dormir bien y consumir mucha agua. A ello se suma la necesidad de realizarse, cada cierto tiempo, un chequeo profundo de la salud.

La prevención, dijo, es la herramienta más poderosa para tratar cualquier enfermedad a tiempo y, en última instancia, para salvar vidas. Medirse la glucosa, los triglicéridos, la hemoglobina mediante un hemograma completo y el examen de orina —que permite evaluar el funcionamiento de los riñones y detectar infecciones— son pasos básicos que no deben postergarse.

“Ante cualquier aparición de una dolencia, debemos ir al médico. No esperar que nos pase solito”, advirtió. El cuerpo siempre avisa cuando algo anda mal: bultitos, dolores de estómago permanentes, malestar en la cabeza, pérdida de memoria o de la vista y agitación excesiva al hacer ejercicios son señales de alerta. Pero, sobre todo, hay que evitar los desarreglos a determinada edad. “Esas amanecidas con trago de cuando éramos jóvenes ya no van”, sentenció, y menos las comilonas de grasas y pastas.

El consejo final de Gary fue claro: disfrutar a la familia lo más que se pueda y empezar por borrar el estrés de la vida, esa enfermedad silenciosa que abre las puertas a las demás. Y tiene razón. Me voy, cuídense.

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