Felipe James Callao, Presidente de la SNI
La transición energética ya no es únicamente una promesa ambiental: se ha convertido en la nueva política industrial del siglo XXI, y el Perú tiene con qué aprovecharla. El país cuenta con uno de los potenciales más extraordinarios del planeta —más de 900 gigavatios de energía solar, 20 gigavatios de eólica, 3 gigavatios de geotermia y una amplia capacidad hidroeléctrica—, pero utiliza apenas una mínima fracción de esos recursos estratégicos. Esa brecha entre potencial y uso real plantea una oportunidad histórica: convertir esa riqueza en industria y exportación de energía limpia.
Con energía renovable abundante, el Perú podría atraer minería verde, petroquímica competitiva, data centers de clase mundial y corredores logísticos de bajas emisiones, y hasta liderar la producción sostenible en la región. Las condiciones únicas de sol, viento, puertos y una minería capaz de actuar como demanda ancla abren además la puerta a un rol protagónico en el hidrógeno verde, uno de los combustibles del futuro.
En paralelo, la infraestructura logística avanza. La puesta en operación del Puerto de Chancay ha marcado un verdadero punto de inflexión para el esquema productivo nacional. A eso se suman las inversiones en el Callao —el puerto más importante del país y uno de los principales de Latinoamérica—, la entrada en funcionamiento del nuevo Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, la ampliación y modernización prevista en Matarani y los futuros puertos proyectados en el norte. Ese ecosistema portuario y aeroportuario redefine la posición estratégica del Perú en las cadenas globales de valor y lo acerca a consolidarse como el hub logístico e industrial de Sudamérica.
La actual demanda eléctrica del país es de 7 800 megavatios y superaría los 11 000 megavatios en 2034, pero la pregunta no es solo cuánta energía podremos aprovechar, sino qué país queremos construir con ella. La ecuación resulta clara: sin infraestructura no hay energía, y sin energía no hay industria, por lo que el desarrollo nacional exige avanzar en ambos frentes de manera simultánea. Para que ese potencial se concrete, el desafío crítico es cerrar la brecha de infraestructura que hoy limita al país, tanto en servicios esenciales como en obras estratégicas para el crecimiento económico. En particular, resulta urgente fortalecer la infraestructura energética y de transmisión que asegure una energía suficiente, limpia y competitiva, condiciones indispensables para atraer inversiones, generar empleo y producir con verdadera competitividad.
Desde la Sociedad Nacional de Industrias se plantean cinco tareas urgentes: acelerar la infraestructura de transmisión; establecer reglas claras para energías renovables y su almacenamiento; implementar una ventanilla única de permisos; articular la política energética con la política industrial; e invertir en talento, ciencia e innovación. Apostemos por un Perú competitivo, moderno, industrial y líder en energías limpias. Es el camino, y este es el momento para decidirlo.
Comentarios 0
Súmate a la conversación
Tu comentario es anónimo, pero para evitar bots necesitamos que te registres. Es gratis y toma 30 segundos.
Crear cuenta para comentar Ya tengo cuenta