El poeta Leoncio Bueno falleció este viernes 31 de julio a los 106 años. Su vida, marcada por un ánimo novelesco, lo convirtió en un hombre hecho a sí mismo: sindicalista, periodista, actor y poeta. Nacido en la hacienda Constancia (La Libertad), fue un autodidacta que nutrió su obra de lo que vio y vivió desde muy pequeño. Esa experiencia temprana, al ser testigo de las injusticias contra los trabajadores, forjó en él una sensibilidad contestataria que lo llevó a usar el arte, la poesía y la música como canales para expresar su malestar y su esperanza por un mundo mejor.
Era un hombre de protestas, pero también un artista con una gran inquietud creativa. Un ejemplo de ello es su participación en la película Fitzcarraldo (1982) de Werner Herzog. Asimismo, en YouTube se puede hallar el cortometraje “Taxi” (1984) de Rodolfo Pereira, donde Bueno interpreta a un taxista. El proyecto adapta la famosa leyenda de La gringa de La Herradura, que circulaba en los años 80. En la historia, Bueno recoge a una bella mujer perseguida por dos hombres, quien le pide que la lleve a La Herradura y le dice que siga conduciendo. Al llegar, ella sale corriendo y olvida su bolso; dentro, Bueno encuentra un periódico antiguo que revela el suicidio de una mujer llamada Sara Rougut en los acantilados de La Herradura.
Autor del excelente poemario Rebuzno propio, Bueno recibió en 2016 el Premio Casa de la Literatura Peruana. Para conocer más sobre su vida, se sugiere ver el cortometraje "Cien años con Leoncio Bueno" (2020) de Javier Corcuera. El reconocido escritor dejó un legado que combina la denuncia social con una profunda sensibilidad artística.
Leoncio Bueno será recordado, sobre todo, como poeta. Publicó seis poemarios y colaboró en decenas de libros artesanales. En 2016, recibió el Premio Casa de la Literatura Peruana. De su producción, destaca la vigencia de Rebuzno propio (1976), un libro que pensábamos comentar próximamente a razón de sus 50 años. Toda su poesía es social, pero su registro nunca se justificó por la temática denunciada, sino por la fuerza poética alimentada de ironía y humor. Gracias a esos elementos, consideramos, su poesía sigue vigente; esa es la lectura que tengo de Rebuzno propio.
Bueno era, además, todo un personaje: generoso, sabía ser amigo y era un reflejo de lo que escribía. No era un farsante. Para acercarse a su persona, recomiendo el cortometraje documental Cien años con Leoncio Bueno, de Javier Corcuera. En ese trabajo, el poeta aparece rodeado de libros, pero sobre todo queda registrada su actitud ante la vida, como si el verdadero cambio, antes que social, debiera ser personal. En 1982, fijó en Lurín su lugar de residencia. Pueden ver el cortometraje a continuación.
“Esta es la consagración de una esperanza nunca soñada”, afirmó Leoncio Bueno al conocer la distinción, y añadió: “No esperaba tanto honor, pues nunca estuvo en mis sueños recibir un premio. Entiendo este gesto como un reconocimiento a mi trayectoria, a una larga vida entregada a la literatura, al sueño de querer ser escritor a pesar de que nunca dejé de ser un peón, un trabajador de pico y lampa”. Su nombre merece permanecer en la memoria.
Comentarios 0
Súmate a la conversación
Tu comentario es anónimo, pero para evitar bots necesitamos que te registres. Es gratis y toma 30 segundos.
Crear cuenta para comentar Ya tengo cuenta