La edición 30 de la FIL de Lima, que se desarrollará hasta el jueves 6 de agosto en el Centro de Exposiciones del Jockey (Surco), ha dejado en evidencia el gran momento de la literatura juvenil, un fenómeno que no debe mirarse por encima del hombro. El evento, considerado el más importante del país, estrenó escenario tras décadas en el parque Próceres de la Independencia de Jesús María, y la mudanza —anunciada el día de la inauguración, el pasado miércoles 22— responde a criterios netamente comerciales.
La accesibilidad al nuevo recinto, que albergará la feria por los siguientes cuatro años, había generado una válida preocupación antes del inicio. Pese a no tener las facilidades de acceso que ofrecía la sede anterior, el público responde, quizá no como antes, a esta edición. Las opiniones sobre el cambio de lugar están encontradas, pero existe consenso en un punto: ahora hay más orden en la disposición de los stands y ya no se forman los cuellos de botella que se sentían en Próceres. No sorprende, pues la FIL se halla ahora en un espacio concebido para actividades masivas.
Entre las observaciones pendientes, se apunta la ausencia de uno o dos grandes invitados internacionales, una deuda que recae en la actual gestión de la Cámara Peruana del Libro, encargada de la organización. Desde esta tribuna, además, recomendamos algunas publicaciones que vale la pena revisar durante los días que restan de la feria.
En medio del furor juvenil, los libros literarios y culturales conforman un rubro pequeño pero prestigioso dentro de la feria. En el stand del Fondo Editorial PUCP se pueden encontrar El derecho al ensueño. Escritos inéditos de Jorge Eduardo Eielson, ya abordado en una ocasión anterior, y Para leer a Gonzalo Portocarrero de Fanni Muñoz Cabrejo y Gianfranco Silva Caillaux. La UPC ofrece Yo soy la cumbia de Enrique Blanc Rojas y Humphrey Inzillo, mientras que La Independiente presenta una joyita para los letraheridos: La fotografía. La nada, primera traducción al español de este título, a cargo de Madrépora, del enigmático Gastón Fernández (Lima, 1940-Bruselas, 1997). También figuran Duelo de José Antonio Galloso (Intermezzo Tropical) y No hay sitio para tanto de Masha Chávarri (Cocodrilo Ediciones).
El stand MYL llamó la atención en el recorrido ferial, con un par de títulos que merecen ser anotados: la novela El conspirador de Mercedes Cabello de Carbonera y el ensayo De las veladas literarias de Lima, 1876-1877, a la cocina ecléctica de Rocío Ferreira. Del Instituto Riva Agüero PUCP se sugiere Pintar el sacrificio: el imaginario de la batalla de Arica a partir de Lepiani de Iván Pineda. En el BCRP, una publicación que no debe faltar en ninguna biblioteca: Pinacoteca del Banco Central de Reserva del Perú, con un precio al alcance de todos los bolsillos: 20 soles. La Indie tiene varios títulos a considerar: En la orilla de todos los sueños. Poesía reunida (Pesopluma) de Julia Ferrer, No necesitamos banderas. Los prisioneros en Perú (Borrador) de Alejandro Tapia y el estupendo debut en la novela de Gonzalo Benavente Secco, Itaca (Los Olvidos Editorial). En el stand de la Municipalidad de Lima están Pinacoteca Municipal Ignacio Merino y La Lima de Valdelomar de Emilio Rosario.
Más allá de estas acotaciones, lo que importa en toda feria de libro es su oferta editorial, y en ese sentido sí hay aspectos a resaltar. Desde hace varios años, lo que más se ve en estas ediciones es el auge de la literatura juvenil, con cientos de jóvenes haciendo cola para esperar la hora de presentación de sus autores favoritos. Como se ha indicado antes, la literatura juvenil es la que está parando la olla, lo cual permite que las editoriales, entre grandes e independientes, puedan apostar por libros de corte literario. El enmascarado Chuy Mine con su libro Multiverso ChuyMine y Gilraen Eärfalas con De anatomía poética, por ejemplo, causaron furor ante la mirada atónita de varios autores serios que se preguntaban qué tiene este par de autores mexicanos para mover masas.
Jaime Bayly llenó el Auditorio Blanca Varela. Foto: CPL.
Jaime Bayly volvió a demostrar su poder de convocatoria en la FIL de Lima al presentar Los golpistas (Revuelta) ante una sala repleta de seguidores. El escritor peruano, que en 1997 se alzó con el Herralde de Novela gracias a La noche es virgen —un galardón clave en el imaginario literario hispanoamericano—, fue uno de los grandes atractivos de esta edición ferial, que tiene a Ecuador como país invitado. De la delegación ecuatoriana destaca Leonardo Valencia, quien presentó hace unos días su híbrido entre ensayo y crónica, Tratado de la noche sin respuesta, con Personaje Secundario. Aún queda mucho por conocer de la tradición del hermano país del norte y mucho por ver en la feria.
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