Los resultados del estudio sorprendieron a los investigadores: no fueron los madrugadores quienes destacaron en las pruebas cognitivas, sino los perfiles intermedios y nocturnos. Los datos mostraron de forma consistente que los cronotipos tardíos se asocian con un mejor rendimiento mental, mientras que quienes prefieren despertar temprano obtuvieron, en promedio, las puntuaciones más bajas. En concreto, las personas con perfil nocturno demostraron mayor velocidad de razonamiento, mejor retención visual y más eficacia para recordar tareas pendientes. Según los científicos, estos hallazgos son especialmente claros en adultos de mediana y avanzada edad, una etapa en la que los patrones de sueño y la arquitectura del cerebro experimentan cambios importantes.
En la medicina del sueño, la población suele clasificarse en tres grandes grupos. El primero, los madrugadores (aproximadamente el 20% de la población), tienen un reloj biológico adelantado: rinden mejor a primera hora, terminan su jornada temprano y evitan trasnochar. El segundo, el perfil intermedio (cerca del 60% de las personas), es el más común; suelen acostarse entre las 22:30 y la medianoche. El tercero, los noctámbulos o trasnochadores (también alrededor del 20%), poseen un reloj interno más lento: rara vez sienten sueño antes de la medianoche o la 1:00 a. m., se mantienen alerta durante la noche, pero les cuesta madrugar. Así, irse a la cama en horarios tardíos, lejos de ser perjudicial, podría estar vinculado a una mayor agilidad cerebral.
Los investigadores descartan que forzar el trasnoche vuelva más inteligente. La ventaja cognitiva solo aplica a quienes son nocturnos por naturaleza. Cuando una persona con ese cronotipo debe madrugar por trabajo o compromisos sociales, padece jet lag social, un desajuste vinculado a mayor riesgo de hipertensión, diabetes tipo 2, ansiedad y fatiga crónica. El estudio recalca que lo crucial para la salud cerebral es la duración del sueño: lo ideal es dormir entre 7 y 9 horas cada noche. Tanto dormir menos de 7 horas como hacerlo más de 9 horas se asoció con un rendimiento cognitivo más bajo. Para proteger la salud mental y optimizar el descanso sin importar el cronotipo, los especialistas aconsejan una buena higiene del sueño. Esto incluye tomar luz solar por la mañana, atenuar las luces y evitar pantallas al menos dos horas antes de acostarse, además de mantener la habitación a una temperatura fresca para que el cerebro entienda que es hora de descansar.
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