Durante el Mundial, surgió una pregunta recurrente: ¿por qué la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) no cotiza en bolsa? Quienes la formulaban señalaban que el organismo es una máquina de hacer dinero, con ingresos que crecen mundial tras mundial, sin competencia en el fútbol, y que cada cuatro años el planeta se detiene: los estadios se llenan, la audiencia televisiva es masiva, las marcas auspiciadoras hacen cola y el consumo del “producto fútbol” se dispara a tasas crecientes.
Las cifras respaldan esa percepción. En el Mundial 2026, los ingresos de la FIFA habrían superado los US$ 11,000 millones, elevando las ventas del período 2023-2026 —la entidad mide su negocio cada cuatro años porque el Mundial representa la mayor parte de sus ingresos— a US$ 15,000 millones. Esto supone un crecimiento del 98 % frente al ciclo 2019-2022, que incluyó el Mundial 2022. En ese mismo contexto, las ganancias operativas del período 2023-2026 podrían situarse alrededor de US$ 1,875 millones, un 98 % más que los US$ 945 millones registrados entre 2019 y 2022.
Además, a medida que se expanda el acceso a internet en el mundo y que el deporte se promocione más en países como Estados Unidos, China e India, podrían incorporarse al mercado más de 1,000 millones de nuevos espectadores para consumir el “producto fútbol”.
Ante este panorama, la pregunta que muchos se hacen es: ¿cómo participar de este éxito económico?
Primero, hay que dejar claro que la FIFA es una organización sin fines de lucro. No paga impuestos y, en teoría, no busca maximizar el valor de la entidad como una empresa capitalista. Su objetivo declarado es redistribuir todas sus “ganancias operativas” —ingresos menos gastos— entre las federaciones deportivas de sus 211 países asociados para el “desarrollo del fútbol a nivel global”. Ese crecimiento de ganancias, año tras año, lustro tras lustro, no es su fin último. O al menos, esa es la teoría. Sin embargo, ¿acaso estos dos objetivos no pueden ir de la mano? Si el fútbol se desarrolla, más personas jugarán, lo disfrutarán, se volverán hinchas de equipos y selecciones, y consumirán el “producto fútbol”. Si eso ocurre, la FIFA tendrá más negocio y, por tanto, más ingresos y, si todo lo demás permanece constante, más “ganancias operativas”. Podríamos incluso argumentar que, si la FIFA se convirtiera en una empresa con fines de lucro, podría ser más eficiente y desarrollar el fútbol más rápidamente y de mejor manera, para beneficio de todos: jugadores amateurs y profesionales, entrenadores, cuerpos técnicos, periodistas y millones de espectadores. El fútbol genera alegría, y a la gente le gusta consumirla.
Pero, queridos lectores, la pregunta clave es otra: ¿estarían, además, dispuestos a hacer la entidad mucho más transparente? Las bolsas de valores y los inversionistas exigen esa transparencia. Creo que la respuesta es no. Parecen estar contentos con cómo van (y no van nada mal).
Para que la FIFA cotice en bolsa, sus actuales dueños —las 211 federaciones de fútbol asociadas— tendrían que modificar los estatutos y convertirla en una empresa con fines de lucro. Luego, deberían realizar una oferta pública inicial (IPO, por sus siglas en inglés de initial public offering) en el mercado. Si la oferta fuera primaria, representaría un aporte de capital de inversionistas privados para financiar proyectos de gran envergadura que la FIFA no puede emprender por tener recursos escasos. En cambio, si fuera secundaria, las federaciones podrían vender una parte de sus acciones al mercado y hacer un cash out.
Alguien podría señalar que las federaciones estarían en contra porque ahora tendrían que compartir las ganancias operativas que reciben de la FIFA con el Estado (pagando impuestos) y con accionistas capitalistas, y que eso no les conviene. Sin embargo, este argumento podría ser rebatido. En primer lugar, si la FIFA se convirtiera en una sociedad anónima, podría emitir acciones a favor de las federaciones, pero también buscar nuevos accionistas que compraran acciones y aportaran capital.
Segundo, ese capital podría invertirse en proyectos que hagan crecer los ingresos de la FIFA de manera significativa en el futuro y agranden la torta de ganancias operativas. Si esto sucede, las federaciones —que seguirían siendo «accionistas»— podrían incluso recibir más dinero para sus actividades. La dilución es buena si el capital aportado por quienes compran acciones crea valor, elevando el valor fundamental de la entidad.
Alberto Arispe, gerente general de Kallpa Securities SAB, realizó una valorización rápida de la FIFA basada en sus estados financieros y una tasa de crecimiento muy conservadora. Según su estimación, si el organismo pagara un impuesto del 30 % sobre las ganancias, su valor fundamental podría rondar los US$ 8,000 millones. Sin embargo, la pregunta central es si existe realmente el incentivo para lanzar una Oferta Pública Inicial (IPO). Arispe considera que la respuesta es no: la FIFA parece estar contenta con su funcionamiento actual, y no va nada mal. ¿Por qué cambiar si así funciona bien? ¿Vale la pena asumir los riesgos y la dilución de acciones, incluyendo el pago de impuestos, cuando no necesita capital como sí lo requiere SpaceX? Además, un IPO implicaría una mayor transparencia, algo que las bolsas y los inversionistas exigen. El autor aclara que no está ni a favor ni en contra de que la FIFA cotice en bolsa, sino que reflexiona para ofrecer una lectura interesante.
Comentarios 0
Súmate a la conversación
Tu comentario es anónimo, pero para evitar bots necesitamos que te registres. Es gratis y toma 30 segundos.
Crear cuenta para comentar Ya tengo cuenta