La elección de Robert Prevost como el papa León XIV es el eje de “El pastor y los lobos”, el más reciente libro de Santiago Roncagliolo. En sus páginas, el escritor examina la compleja personalidad del pontífice y su ascenso dentro de la jerarquía católica como una figura clave para el papa Francisco.
Roncagliolo describe a un hombre de pocas palabras y carácter gélido, que desmantela redes de poder internas mediante la estrategia y el silencio, sin recurrir a la confrontación directa. “Encontré que el hoy papa no era absolutamente nada de lo que imaginaban, aunque es discreto y diplomático, fulmina a sus enemigos con muy poca piedad. Es un hombre que piensa de forma muy cerebral —estudió matemáticas— y es escrupulosamente frío en la toma de decisiones. Es de pocas palabras, escucha mucho y decide basándose en toda la información disponible hasta llegar a lo que uno de sus colaboradores llamó ‘certeza moral’. Una vez que considera que está en lo correcto, ejecuta”, dice Roncagliolo.
El escritor relata cómo fue descubriendo a ese Robert Prevost que pocos conocían. Lo primero que le llamó la atención fue encontrar a Paola Ugaz desesperada por los juicios y angustias que enfrentaba tras sus denuncias contra el Sodalicio, lo que le hizo comprender conversaciones personales previas. Al adentrarse en la historia, aparecieron los delitos financieros y la trama de un obispo en el Callao que mandaba sicarios a otros sacerdotes para expulsarlos de la diócesis. En todas estas historias siempre aparecía Prevost, pero sin dejar huella: nadie podía recordar una frase suya. “Era angustiante porque yo necesitaba escenificarlo, poner diálogos, mostrar cosas que él había hecho o dicho, pero cuando preguntaba qué decía, respondían: no nada, no dijo nada. Él escuchaba a todo el mundo, se iba, y luego sucedían cosas”, recuerda el autor.
Según Roncagliolo, la clave del proceder de Prevost se observó, por ejemplo, cuando el papa Francisco lo envió a Chiclayo para remover a los obispos del Opus Dei. “Prevost no se enfrentaba directamente a nadie, pero era muy efectivo”. En lugar de pelear, aplicó una estrategia de división. El escritor sostiene que para entender a esta figura no hay que buscar grandes discursos, sino reconocer su efectividad, lo que lo convierte en “un personaje muy interesante de narrar, con una personalidad única”.
Roncagliolo explica que una de las razones por las que Francisco lo quiso como sucesor fue porque advirtió que él mismo hablaba demasiado y a veces generaba conflictos innecesarios con sus declaraciones, saliéndose de los dogmas. “Identifica a Prevost como sucesor porque ve su trabajo, respeta su capacidad, prudencia, convicción y voluntad de ser”. La confianza entre ambos se consolidó tras la visita de Francisco a Chile en 2018, cuando el pontífice comprendió que debía cambiar las políticas sobre abusos sexuales. En ese contexto, con el tema a punto de estallar en el Perú, Prevost se encargó de los casos de abusos y delitos financieros. “Fue ahí donde Francisco descubrió su verdadero valor para la Iglesia”.
Francisco también entendió que no haber estado en la curia antes de ser elegido fue un problema para él. Por eso llevó a Prevost al Vaticano para que estuviera en el dicasterio, donde los obispos y cardenales que votan pudieran conocerlo. Finalmente, Prevost fue elegido papa a pesar de que muchos cardenales no lo veían con buenos ojos, ya que no les gustaba el perfil ni de Francisco ni de él.
Roncagliolo sostiene que las vivencias del papa León XIV en el Perú, como la lucha contra el COVID y la gestión de las plantas de oxígeno en el Callao, forjaron su carácter. “Definitivamente. Haber vivido el COVID, lograr las plantas de oxígeno y ver la realidad en el Callao lo formaron para ser el Prevost certero y valiente de ahora”, afirma. En ese proceso, añade, el pontífice conoció “lo mejor y lo peor de los seres humanos: delincuentes con sotana que destruyen vidas y gente que abandona todo para servir”.
Consultado sobre la reacción de quienes no salen bien parados en su libro, el escritor aclara que no se trata de un juicio personal. “Si lo leen, verán que de ellos no se dice nada que no sea ya de conocimiento público”, sostiene. Explica que buscó a las partes involucradas porque su obra “no es un libro basado únicamente en mi opinión; es una historia que requiere de respuestas, sin embargo, ellos no quisieron o no pudieron hablar”. Y concluye: “Cuento una historia certera. No es que esté juzgando a nadie, simplemente me limito a contar lo que pasó, y lo que pasó es tal cual lo relato”.
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