En el océano Pacífico occidental se encuentra una de las zonas menos exploradas del planeta: una fosa submarina gigantesca que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) clasifica como el punto más hondo registrado en el mundo. Se trata del Abismo Challenger, ubicado en la Fosa de las Marianas, cuyas profundidades superan los 10.935 metros y atraen a geólogos, biólogos marinos e ingenieros por su entorno hostil.
El análisis de este ecosistema abisal revela datos clave sobre el movimiento de las placas tectónicas, la supervivencia biológica bajo presiones extremas y el impacto humano en zonas aisladas. La presencia de microplásticos en sus sedimentos evidencia cómo la contaminación llega incluso a los lugares más remotos. "Sabemos más sobre la superficie de algunos planetas que sobre nuestro propio océano", enfatiza la NOAA, al evidenciar la inmensa falta de información referente al lecho marino.
La exploración de esta fosa submarina no solo ayuda a comprender los procesos geológicos y biológicos, sino que también permite medir el alcance de la actividad humana en océanos remotos. El Abismo Challenger, con sus casi 11.000 metros de profundidad, es tan vasto que podría cubrir por completo al monte Everest, la cumbre más alta de la Tierra, si este fuera sumergido en sus aguas.
El Abismo Challenger, ubicado en la Fosa de las Marianas, es el punto más profundo conocido del planeta. Esta sima oceánica se encuentra a unos 200 kilómetros al oriente del archipiélago homónimo, cerca de Guam. Según la NOAA, su margen inferior se estima en 10.935 metros, aunque algunas incursiones científicas han registrado cotas mayores mediante sondeos ecográficos. Para dimensionar su magnitud, basta compararlo con el monte Everest. La elevación más prominente de la superficie terrestre mide 8.848,86 metros, según la medición coordinada entre Nepal y China en 2020. Si el macizo estuviera en la base del abismo, quedarían más de dos mil metros de masa acuática sobre su cima. El origen de esta depresión radica en un fenómeno de subducción: la placa del Pacífico se hunde bajo la corteza de las Marianas. De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), esta dinámica genera algunas de las mayores depresiones oceánicas del mundo y cumple una función clave en la actividad tectónica del Cinturón de Fuego del Pacífico.
El punto más profundo de la Tierra está en la Fosa de las Marianas. Foto: Mastergis
¿Por qué la exploración del Abismo Challenger transforma la ciencia actual?
Investigaciones publicadas en la revista Nature Ecology & Evolution revelaron que, pese al entorno hostil, la biodiversidad en la Fosa de las Marianas es asombrosa. Allí se halló al pez babosa de las Marianas (Pseudoliparis swirei), el vertebrado marino detectado a mayor cota abisal registrada. La fauna local también incluye anfípodos gigantes y bacterias quimiosintéticas adaptadas para subsistir en completa penumbra.
Acceder al fondo de la fosa sigue siendo un desafío exclusivo para contadas expediciones oceánicas. En ese punto, la presión hidráulica rebasa las 1.000 atmósferas —la fuerza equivalente a cargar el peso de unos 50 aviones Boeing 747 sobre un solo individuo—, lo que exige el uso exclusivo de vehículos submarinos con ingeniería de alta resistencia. La NOAA señala que esas inmersiones requieren tecnología capaz de resistir condiciones que destruirían cualquier equipo convencional.
Los hallazgos también revelaron el impacto de la huella antropogénica en zonas remotas. Distintos análisis confirmaron la presencia de microplásticos y residuos sintéticos acumulados en los sedimentos abisales. Este laboratorio submarino facilita el estudio directo sobre la evolución biológica extrema, el funcionamiento tectónico del planeta y el alcance global de la contaminación ambiental.
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