El nombramiento de Luis Dyer Fernández como ministro de Salud ha desatado críticas. Se trata de un empresario del rubro del acero y exjefe de personeros de Fuerza Popular, sin experiencia en un sector que históricamente ha sido liderado por médicos. Las excepciones han sido contadas: durante el régimen militar (1968-1980), en casos puntuales del fujimorismo (como Marino Costa) y en la segunda administración aprista (con Hernán Garrido Lecca).
Sin embargo, el autor de la columna, Iván Slocovich Pardo, entiende —u ojalá entienda— que esta designación responde a la necesidad de hacer gestión y poner orden en un sector que califica como "un verdadero desastre". En la práctica, sostiene, el sistema de salud es "un atentado contra la vida y la salud de los más pobres", quienes no pueden ser atendidos a tiempo para una cita o una operación "urgente". Peor aún es la situación de los servicios de emergencia y el estado de las postas, donde deberían recibir a los casos menos graves.
Slocovich se pregunta de qué sirve tener como ministro a un médico que sabe de vacunas, tratamientos, diagnósticos y hasta neurocirugía, si la mala gestión y la corrupción provocan que no haya gasas, bisturís ni pastillas para dolores postoperatorios en los almacenes de los hospitales públicos. Recuerda, además, que en cada epidemia de dengue —como la que se avecina con el Fenómeno de El Niño— los afectados tienen que esperar afuera, sentados en una mototaxi, hasta que se libere una camilla. "Lo he visto con mis propios ojos en Tumbes y Piura en 1998", afirma.
El ministro Dyer, a quien el autor dice no conocer "ni de casualidad", recibe el beneficio de la duda, aunque se reconoce que "hasta ahora las cosas han ido muy mal a lo largo de muchos años, en perjuicio de miles de peruanos que no tienen para pagar una clínica o un consultorio privado". Su función no es operar apéndices, hernias o atender pacientes, sino "crear las condiciones para que esto sea posible en el corto plazo, pues hay miles de vida en juego".
La misma carencia de gestión se observa en EsSalud, entidad que depende del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo. Allí se necesita un gestor que trace metas y sea capaz de erradicar la burocracia "ociosa y corrupta" que, según la columna, dejaron "los aliados de Dina Boluarte y José Jerí". Esa herencia ha impedido que "ese monstruo de mil cabezas" tenga un manejo eficiente en favor de los asegurados, quienes también esperan ser atendidos "a tiempo y con dignidad propia de seres humanos".
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