En su primer mensaje a la Nación, la presidenta Keiko Fujimori delineó dos frentes de acción inmediata: la inseguridad ciudadana y los embates del Fenómeno del Niño. La mandataria, en un discurso que calificó como “bien estructurado”, con “menciones bien precisas y claras sobre política de Estado”, apeló a la reconciliación nacional para que el Perú avance y destacó la importancia del trabajo articulado con los gobiernos regionales y locales, como si fueran un solo equipo. De ahora en adelante, solo queda que sus palabras se conviertan en resultados a favor de los peruanos, pues son problemas que no admiten postergaciones ni respuestas parciales, sino una acción decidida y sostenida.

Sin embargo, los discursos inauguran gobiernos, pero son los resultados los que los legitiman. La verdadera dimensión de los anuncios se medirá en la reducción de la delincuencia, en la capacidad para prevenir y atender los efectos del Fenómeno del Niño, en la eficacia de la coordinación entre los distintos niveles del Estado y en la mejora de las condiciones de vida de la población. El país necesita que las prioridades expresadas en el mensaje presidencial se conviertan en políticas públicas eficientes y en acciones verificables. Esa es la expectativa de millones de peruanos que esperan un Estado más cercano, más eficiente y más capaz de responder a los desafíos nacionales. El tiempo de las palabras ha dado paso al tiempo de la gestión. Ahora corresponde demostrar que las promesas pueden traducirse en hechos y que la voluntad política puede convertirse en bienestar para todos.

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