La cantante Rosa Amelia Vento, conocida artísticamente como Rosita Vento, falleció el 28 de julio a los 61 años tras una prolongada lucha contra el cáncer. Su partida ocurre en plenas Fiestas Patrias y enluta el ambiente artístico nacional, especialmente en Arequipa, la Ciudad Blanca, donde durante más de cuatro décadas mantuvo viva la tradición del vals, la marinera, el festejo y la polca.
Nacida en Arequipa e hija del guitarrista Rolando Vento Frías, Rosita descubrió desde niña que el canto marcaría su vida. Su hermana Brenda recordó esa etapa con emoción: “Transmitía mucha energía, hacía retumbar Arequipa. Desde muy pequeña siempre cantaba y ganaba concursos en el colegio”. En su despedida, Brenda también la definió como “una mujer extraordinaria” que entregó su vida a engrandecer la música criolla peruana.
La intérprete fue una presencia infaltable en las serenatas por el aniversario de Arequipa y en las celebraciones por el Día de la Canción Criolla. Su voz y carisma la convirtieron en referente del criollismo regional, además de ser una defensora constante de los artistas locales y de la necesidad de preservar la música nacional. Su legado musical y su lucha a favor de los artistas son recordados con emoción por sus admiradores, que ahora se despiden de la querida cantante en medio de la celebración por Fiestas Patrias.
La cantante criolla Rosita Vento falleció el 28 de julio de 2026. Foto: Mirelia Quispe / URPI-LR
La cantante criolla Rosita Vento falleció el 28 de julio de 2026. Foto: Mirelia Quispe / URPI-LR
La pasión por la música criolla llevó a Rosita Vento hasta el último día. Tenía previsto viajar a Mollendo para una presentación el mismo 28 de julio, fecha en la que finalmente perdió la vida tras enfrentar con valentía el cáncer. Su trayectoria incluyó festivales, peñas y actividades culturales que fortalecieron la identidad musical de Arequipa. Juan Carlos Congona, vicepresidente de la Asociación Hijos de Arequipa, recordó que ella pedía mayor respaldo para los músicos locales: “Nosotros los artistas no solo vivimos de nuestro arte en agosto por las fiestas. Todo el año queremos hacer presentaciones y encontramos mucha burocracia, además del escaso apoyo de las municipalidades para que nuestro arte sea valorado”. Su partida deja un vacío en los escenarios y en la memoria colectiva de la Ciudad Blanca, que la despide con gratitud. El legado de Vento, aseguran, permanecerá en las nuevas generaciones de artistas y oyentes, como muestra de la pasión que la acompañó hasta el final.
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