Un conjunto de huellas fósiles descubierto junto a un antiguo lago en el norte de Kenia está proporcionando a los científicos uno de los registros más completos sobre el comportamiento de los primeros parientes del ser humano. Las marcas, con una antigüedad de 1,43 millones de años, capturan un momento preciso en el que al menos ocho homininos cruzaron un terreno húmedo antes de que el sedimento se endureciera y las preservara.
Halladas en la Formación Koobi Fora, cerca del lago Turkana, las huellas también ofrecen evidencias de conducta social de estos homininos, ya que muestran a machos adultos caminando juntos. A partir de la forma de los pies y del patrón de la marcha, los investigadores consideran que es probable que pertenezcan a Paranthropus boisei, un pariente extinto del ser humano conocido principalmente por cráneos y dientes fósiles. Hasta ahora se sabía muy poco sobre el resto de su anatomía.
A diferencia de los huesos, las huellas permiten reconstruir el movimiento de estos antiguos homininos. Revelan cuántos individuos estaban presentes, en qué dirección caminaban y cómo se desplazaban por el paisaje. En este caso, la evidencia apunta a un grupo formado principalmente por machos adultos que avanzaban juntos por la orilla del lago, lo que sugiere cuerpos más grandes y comportamiento grupal entre los ancestros humanos.
Investigadores analizan las antiguas huellas excavadas en el norte de Kenia en 2023. Foto: Kay Behrensmeyer
El tamaño de las huellas, analizadas por el Instituto Max Planck de Antropología, sorprendió a los científicos. Hasta ahora, los restos óseos indicaban que Paranthropus boisei era mucho más pequeño que Homo erectus, otra especie que coexistió en el este de África en esa época. Pero las nuevas estimaciones sugieren que algunos individuos de Paranthropus boisei pudieron alcanzar cerca de 1,8 metros de altura y unos 75 kilogramos, dimensiones muy cercanas a las de Homo erectus. Esto abre dos posibilidades: que Paranthropus boisei tuviera una variación de tamaño mayor a la que muestran los fósiles conocidos, o que las huellas pertenezcan en realidad a Homo erectus, lo que indicaría que esta especie tenía una anatomía del pie y una forma de caminar más diversas de lo pensado. Sin embargo, la estructura de los pies registrada en las huellas se asemeja más a la de Paranthropus boisei, con características que difieren de los humanos modernos y que son similares a especies más antiguas del género Australopithecus. Por ello, los investigadores consideran que esta sigue siendo la hipótesis más probable, aunque el debate permanece abierto.
Los investigadores han documentado cientos de huellas en distintos sitios separados por unos 40 kilómetros en la región oriental de Turkana, formados aproximadamente en la misma época. En conjunto, estas evidencias indican que los primeros homininos regresaron repetidamente a las orillas del lago durante más de 100.000 años, probablemente atraídos por la disponibilidad de agua dulce y alimentos. El yacimiento forma parte de una creciente colección de huellas fósiles descubiertas en esa zona.
Las huellas también aportan una rara evidencia de comportamiento social. Todo indica que varios machos adultos de gran tamaño caminaron juntos por la orilla del lago, un tipo de interacción que rara vez puede inferirse a partir del registro fósil, ya que los huesos ofrecen poca información sobre la forma en que estos individuos convivían. El equipo planea continuar las excavaciones en Kenia con la esperanza de encontrar nuevos rastros. Cada huella descubierta ayuda a reconstruir con mayor precisión cómo se desplazaban, interactuaban y compartían el paisaje estos antiguos parientes humanos mucho antes de la aparición de Homo sapiens.
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