Un reciente informe de Emergentcold Latam revela que el consumo de carne vacuna en América Latina presenta contrastes marcados. Mientras Argentina y Uruguay encabezan la lista con los niveles más altos de ingesta de esta proteína, impulsados por su tradición ganadera y cultural, Perú y Venezuela figuran entre los países con menor consumo de carne de vacuno en la región. Esta brecha responde a factores económicos, precios y capacidad adquisitiva, según el estudio.

La preferencia por la carne vacuna ha cedido terreno en varios mercados latinoamericanos frente a otras proteínas, en especial el pollo, que se ha consolidado como la opción más consumida por su menor costo y mayor accesibilidad. Brasil, Colombia y Perú son algunos de los países donde esta ave tiene una presencia destacada en la dieta diaria. Aunque la carne de res sigue asociada a la tradición y a la producción ganadera regional, su precio y disponibilidad limitan su consumo frente a alternativas consideradas más económicas.

La producción de carne vacuna enfrenta cuestionamientos por su impacto ambiental. Foto: Composición LR.

La carne de pollo se impone en la región gracias a su eficiencia productiva, mientras que la carne vacuna enfrenta críticas por su huella ambiental. Según los datos analizados, producir un kilogramo de carne de res requiere unos 15.400 litros de agua y genera más emisiones de gases de efecto invernadero, con una conversión alimentaria menos eficiente que la del pollo o el cerdo. A esto se suma la logística: la carne vacuna fresca se conserva refrigerada hasta 90 días, mientras que el pollo fresco apenas dura 15 días, lo que obliga a recurrir al almacenamiento congelado para asegurar el abastecimiento.

En cuanto a otras proteínas, el consumo de cerdo también muestra patrones diferenciados. México lidera el consumo de esta carne, seguido por Uruguay y Brasil; en cambio, en países como Bolivia y Guatemala su participación en la alimentación diaria es menor.

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