Lo que empezó con verduras apiladas en un camión durante los días más duros de la pandemia, hoy se ha convertido en una ferretería que abastece obras en Lima Sur. Los esposos Karin y Elvis, que antes se dedicaban a la venta de alimentos perecibles, ahora despachan materiales de construcción desde el mismo espacio donde comenzaron todo hace más de seis años. El cambio no fue planeado, pero marcó el inicio de un negocio que no ha dejado de crecer.

Emprendedor de Lima Sur: “Empecé mi ferretería en la casa de mi mamá”

Elvis trabajaba como taxista de carga cuando la emergencia del Covid-19 redujo la demanda del servicio y lo obligó a buscar una salida rápida. Empezó vendiendo verduras desde su casa, aprovechando el reparto por delivery. “Al inicio nos fue bien, porque la gente no salía y pedía a domicilio”, recuerda. Sin embargo, el negocio duró poco: la mercadería se malograba rápido y la competencia apareció casi de inmediato, por lo que cambiar de rubro era necesario.

De repartir alimentos perecibles a liderar su ferretería en Lima Sur. Esta es la historia de cómo Karin y Elvis se convirtieron en los Tromes de la Construcción. Foto: Fernando Sangama.

El impulso final lo dio Karin. Con formación en contabilidad, vio en esa transición una oportunidad de formalizar un negocio propio. “Él tenía experiencia en campo y yo podía encargarme de la parte administrativa”, señala. Así nació la ferretería, con un capital reducido y un local construido con sus propias manos.

En el negocio, cada uno encontró su rol: Elvis se dedicó a las ventas, el reparto y la atención al cliente, mientras que Karin tomó las riendas de la contabilidad y la organización. “Mi esposo es un vendedor nato, tiene un carisma que hace que los clientes regresen. Cuando me ven atendiendo, me preguntan por él”, comenta ella entre risas. El vínculo con Progresol fue clave en ese camino: “Los maestros de obra ven el letrero azul de Progresol y saben que somos una ferretería confiable”, afirma Karin. Gracias a esa red, ganaron visibilidad en el rubro y afianzaron la confianza con clientes del sector construcción, sin necesidad de invertir en publicidad.

De repartir alimentos perecibles a liderar su ferretería en Lima Sur. Esta es la historia de cómo Karin y Elvis se convirtieron en los Tromes de la Construcción. Foto: Fernando Sangama.

El crecimiento fue paulatino pero constante. De vender solo lo básico, pasaron a abastecer obras completas y extendieron su cobertura a más zonas de Lima Sur. Los clientes empezaron a llegar solos, sin campañas de por medio. Para quienes quieren emprender con poco capital, Karin y Elvis recomiendan empezar con lo esencial: priorizar productos de alta demanda como cemento y herramientas básicas, controlar los gastos desde el inicio y enfocarse en las necesidades reales del cliente. Así, sin una gran inversión inicial, es posible construir un negocio rentable y sostenible en el tiempo.

“Antes de abrir nuestra ferretería, vendíamos verduras”, cuentan Karin y Elvis, de Lima Sur. Para empezar, sugieren aprovechar lo que ya se tiene: un espacio en casa, un pequeño almacén o un área improvisada pueden ser suficientes. También recomiendan dividir funciones desde el inicio. Aunque el negocio sea pequeño, hay que ordenar tareas: quién vende, quién lleva las cuentas, quién hace repartos, etc. Otro consejo clave es construir relaciones, no solo ventas. Los maestros de obra son fundamentales porque harán buena o mala publicidad al negocio; deben ser aliados. Finalmente, llevar el control de cada sol es vital. Con poco capital, cada gasto cuenta. Registrar ingresos y egresos desde el primer día y tener una buena administración marca la diferencia.

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