Un nuevo estudio de la Universidad Estatal de Carolina del Norte reveló que los sonidos e imágenes de la naturaleza generan beneficios para la salud mental, superando a los entornos urbanos ruidosos. La investigación comparó los efectos de distintos ambientes naturales y urbanos sobre las emociones de las personas.

Según Nils Peterson, profesor de la Facultad de Recursos Naturales, “a quienes se encontraban en un espacio verde escuchando a los pájaros, se les observaron efectos significativos. Las emociones positivas aumentaron, las negativas disminuyeron, el estrés se redujo y la sensación de bienestar aumentó más que en cualquier otra combinación”.

Para el experimento, los participantes usaron auriculares con cancelación de ruido mientras estaban sentados en un sendero natural recuperado, aislado del desarrollo urbanístico, o en una zona urbana concurrida. Los auriculares reproducían sonidos de tráfico o canto de pájaros; tanto la ubicación como la banda sonora se asignaron aleatoriamente a cada voluntario, permitiendo aislar los efectos del lugar y del sonido.

Los hallazgos sugieren que incorporar espacios verdes en las ciudades puede mitigar los efectos negativos de los ambientes estresantes. Incluso una exposición breve —de solo diez minutos— a un entorno con árboles y cantos de aves bastaría para mejorar el bienestar psicológico, según concluye el equipo de investigadores.

El canto de los pájaros en un bosque frondoso podría mejorar la salud mental. Foto: iStock

Los efectos de las imágenes y los sonidos de la naturaleza fueron evidentes de inmediato. A los participantes se les pidió que informaran sobre los cambios en sus niveles de estrés y la sensación de bienestar tras la experiencia, un indicador denominado capacidad de recuperación.

Si bien la implicación inicial de estos hallazgos es que los sonidos y las imágenes de la naturaleza son buenos para la salud mental, según Peterson, también demuestran que los entornos urbanos podrían mejorarse incorporando espacios verdes. El bosque utilizado en el estudio fue una restauración que transformó un arroyo urbano degradado y ahora cuenta con más del 70% de cobertura arbórea, ubicado dentro de un campus universitario en funcionamiento. El hecho de que una parcela joven, creada por el hombre, haya producido el efecto deseado sugiere que los beneficios podrían replicarse en parques urbanos con asientos estratégicamente ubicados y las comunidades de aves necesarias para poblarlos, en lugar de requerir el acceso a zonas silvestres remotas.

"Cuando se tiene un espacio realmente gris que puede estresar a las personas y generarles experiencias negativas, si se puede transformar ese espacio incorporando sonidos naturales, se pueden mitigar los aspectos negativos de ese espacio gris", dijo Peterson. "En nuestra investigación, tenemos evidencia de la eficacia de los sonidos de pájaros, pero también existe mucha literatura que respalda el uso de sonidos de agua y otros sonidos de la naturaleza".

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