El sector textil y de confecciones peruano llega debilitado al nuevo escenario arancelario impuesto por Estados Unidos, que eleva la tasa de 10% a 12,5% para estos productos. Según datos del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), las exportaciones totales del rubro cayeron 5,9% a mayo de 2026, al registrar envíos por solo US$ 674 millones.

Estados Unidos, que concentra el 49% de las exportaciones textiles del Perú, ya venía reduciendo sus compras a los proveedores peruanos. Durante los primeros meses del año, los envíos al país norteamericano se contrajeron 10,2%, impulsados principalmente por una menor demanda de prendas como t-shirt de algodón. A esta tendencia se suma ahora el nuevo esquema arancelario de la administración Trump, que agrava el panorama para un sector que ya enfrentaba un aumento de costos logísticos y de materias primas por el conflicto en Medio Oriente, según advertían los empresarios desde hace meses.

La reducción de compras que se observaba en meses previos también respondía a la incertidumbre generada por la política comercial de Estados Unidos, precisó Luis Antonio Aspillaga, vicepresidente del Gremio de Indumentaria de la Cámara de Comercio de Lima (CCL). “Ha habido una caída de la demanda [en Estados Unidos]. Las marcas están siendo mucho más cuidadosas y programadas al comprar para abastecerse de acuerdo con lo que va pasando en el mercado. Los compradores ya no tienen una visión de mediano o largo plazo sobre dónde colocar sus órdenes y están comprando cantidades mucho menores”, explicó a Gestión.

Con este nuevo contexto, las perspectivas para el sector son poco favorables. Para Aspillaga, de mantenerse las actuales condiciones del mercado, las exportaciones de textiles y confecciones podrían terminar enfrentando una caída de entre 10% y 12% al cierre del 2026.

Perú pierde ventaja

El incremento de aranceles de 10% a 12,5%, un alza de 2,5 puntos porcentuales, resulta significativo para la industria textil peruana debido a los estrechos márgenes con los que opera, según explicó Aspillaga. Antes de este cambio, el Perú mantenía cierta ventaja frente a varios competidores asiáticos, aunque ya enfrentaba una desventaja respecto a los países del Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA). Mientras naciones como El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua continúan exportando con arancel cero al mercado estadounidense, Perú ahora ve cómo su posición se debilita aún más.

Martín Reaño, gerente del Comité Textil y Confecciones de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), resaltó que la posición nacional está más afectada que antes, pues se acorta la ventaja frente a países de Asia que concentran la mayor parte de la cadena de suministro de moda para el mercado norteamericano. La competencia con Asia se empareja: por ejemplo, los aranceles a la India han bajado de 26% a 10%, lo que permite que algunos países asiáticos compitan en mejores condiciones arancelarias con las confecciones peruanas. “Hay cuatro países asiáticos -Bangladesh, Camboya, Malasia e Indonesia- que van a tener un trato especial porque Estados Unidos les va a aplicar un arancel mucho menor si es que estos países exportan utilizando algodón americano. Evidentemente estamos disminuidos frente a estos países y también frente a los miembros de CAFTA de Centroamérica”, comentó Reaño.

Estados Unidos el riesgo es mayor para el sector pues, de acuerdo con las cifras oficiales, este país concentra el 49% de las exportaciones textiles del Perú. (Andina)

¿Qué dicen los compradores?

A pocos días del incremento del arancel, que inició el 24 de julio, ya se vienen dando comunicaciones entre los fabricantes peruanos y los compradores estadounidenses para actuar ante este cambio de condiciones. El director ejecutivo del Instituto de Investigación y Desarrollo de Comercio Exterior (Idexcam) de la CCL, Carlos Posada, explicó que el importador estadounidense tiene tres caminos: “Puede trasladar ese mayor costo al consumidor, exigir descuentos al proveedor peruano o sustituirlo por otro origen. Creemos que una parte importante de esa presión recaerá sobre el exportador nacional, afectando sus márgenes e incluso algunos pedidos”.

Reaño advirtió que “el 64% de nuestras exportaciones de prendas de vestir va a Estados Unidos, evidentemente una caída en las compras nos va a afectar […] En la medida en que la empresa no pueda seguir ajustando sus costos para poder acercarse, evidentemente este quedamos en desventaja frente a otros proveedores”. El sector ya enfrenta una señal de alerta: las confecciones de tejido de punto, principal producto exportador, registraron una caída superior al 8% entre enero y mayo.

Pese a ello, Aspillaga, CEO de World Textile Sourcing, señaló que los compradores estadounidenses no buscan cancelar pedidos para cambiarse a proveedores más baratos, sino renegociar los términos. “Hay clientes diciendo que para la siguiente temporada esperan un ajuste de precios y que lo ideal sería compartir [la tasa del arancel]. De hecho, muchos piden que [nosotros absorbamos] la mitad y algunos han dicho directamente que esperan que nos hagamos cargo del total. Es una negociación cliente con cliente. Nadie cancela por ese porcentaje porque el tipo de producto que hacemos en el Perú es sofisticado, de alta calidad, como el algodón pima”, explicó.

No todos los rubros corren la misma suerte. Productos de “alta moda”, como la fibra de alpaca o aquellos ligados a la moda sostenible, pueden resistir mejor gracias a su valor agregado. En cambio, prendas básicas de niños o t-shirts estándar, de menor valor y gran volumen, quedan en una posición delicada porque el precio es determinante.

La diversificación hacia otros mercados tampoco es una solución inmediata. Posada advirtió que los pedidos en esta industria se planifican con meses de anticipación y responden a campañas estacionales, por lo que recolocar exportaciones tomaría, en el mejor de los casos, alrededor de dos meses.

Ante este panorama, el representante de la SNI consideró que el nuevo Congreso de la República debe priorizar la aprobación de una ley contra el trabajo forzoso, una de las condiciones que Estados Unidos exige para revisar los aranceles aplicados al Perú.

A pocos días del incremento del arancel, que inició el 24 de julio, ya se vienen dando comunicaciones entre los fabricantes peruanos y los compradores estadounidenses para actuar ante este cambio de condiciones. (Foto: Andina) El Gobierno de José María Balcázar recién envió un proyecto de ley en esta línea los primeros días de julio y el Parlamento no lo puso en agenda, según se recuerda. Aunque Estados Unidos no ha señalado al Perú como exportador de productos elaborados con trabajo forzoso, la observación apunta a que el país debe incorporar en su legislación una prohibición expresa para impedir la importación de bienes producidos bajo esas condiciones en terceros países. Paralelamente, Posada indicó que el Mincetur debería avanzar en la elaboración del reglamento para reducir los tiempos de implementación una vez que la norma sea aprobada. “El Mincetur tiene que ser muy enfático en el trabajo que va a hacer con el Parlamento. [El foco es] lograr la aprobación [de la nueva ley], emitir el reglamento correspondiente y luego de ello no regresar solamente al 10%, sino seguir trabajando para volver a lo que el Perú tenía desde un inicio con el TLC: un arancel de 0%”, añadió. Posada advirtió que los efectos del nuevo arancel no se limitan a las exportaciones, pues la menor demanda desde Estados Unidos también podría afectar la producción y el empleo en una industria que genera cerca de 300 mil puestos de trabajo formales. Guadalupe Gamboa Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de San Martín de Porres con experiencia en radio, tv, redes sociales y medios impresos. Escribo y hablo sobre economía y finanzas desde el 2020.

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