Mientras se afinan las propuestas rumbo a las Elecciones 2026, especialistas advierten que la agenda del próximo gobierno debe priorizar la ampliación de oportunidades educativas para jóvenes y adultos. En el Perú, millones de personas mayores de 15 años no han culminado la educación básica. Según la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), alrededor de 8 millones están en esa condición. A esto se suma que más de un millón de jóvenes no estudian ni trabajan, de acuerdo con estimaciones del Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) de la Cámara de Comercio de Lima (CCL).

Esta situación no solo revela que muchas personas no pudieron completar sus estudios, sino que también limita su acceso a empleos formales y restringe sus oportunidades de participación en la vida económica y social. El problema representa un desafío directo para la productividad, la inclusión social y el crecimiento económico. Sin embargo, el debate público sobre educación suele centrarse en la educación escolar para niños y adolescentes, dejando en un segundo plano las políticas dirigidas a jóvenes y adultos.

Diversos análisis subrayan que ignorar la brecha educativa tiene consecuencias económicas relevantes. Uno de ellos es el informe El precio de la inacción, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). El documento analiza 20 perfiles de país —incluido el Perú— y evalúa el impacto de no cerrar las brechas educativas.

De mantenerse la situación actual hacia el 2030, el costo del abandono escolar en el país podría ascender a US$ 15,200 millones, lo que equivale al 6% del PBI. Si los jóvenes no logran las competencias básicas de aprendizaje, el costo estimado alcanzaría hasta el 22% del producto interno bruto, según el estudio. En contraste, garantizar que todos los niños y adolescentes culminen la educación básica podría generar un incremento del 6% en el PBI nacional, y si además todos alcanzaran aprendizajes básicos, el impacto positivo podría representar hasta el 22% del PBI. Estas estimaciones evidencian que la educación no solo transforma trayectorias individuales, sino que es un factor determinante para el desarrollo económico y social del país. Las implicancias no se limitan al ámbito económico. El informe advierte que, de mantenerse las brechas en acceso y calidad educativa, el país podría enfrentar un incremento del 84% en los embarazos precoces, un aumento del 63% en los homicidios y un alza del 43% en la proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan. En este contexto, la Educación de Personas Jóvenes y Adultas (EPJA) es señalada como componente clave dentro de las políticas de aprendizaje a lo largo de la vida. Ofrece rutas educativas más flexibles que combinan formación básica, capacitación para el trabajo y reconocimiento de aprendizajes adquiridos fuera del sistema educativo formal. “Hablar de educación a lo largo de la vida no es solo una agenda educativa, es una agenda de desarrollo. Si millones de jóvenes y adultos no tienen oportunidades de seguir aprendiendo, también se reducen sus posibilidades de acceder a trabajo digno y ejercer plenamente su ciudadanía. Por eso es fundamental que este tema forme parte del debate electoral y de los compromisos del próximo gobierno”, señaló Jimena Chávez, directora de DVV International, Instituto de Cooperación Internacional de la Asociación Alemana para la Educación de Adultos. El Grupo Impulsor de la Educación de Personas Jóvenes y Adultas, con el respaldo de DVV International Perú, organizará un espacio de diálogo que reunirá a representantes de partidos políticos y especialistas. El objetivo es debatir propuestas para ampliar las oportunidades educativas de este sector y posicionar el tema en la agenda electoral. La iniciativa busca generar compromisos que fortalezcan rutas de aprendizaje a lo largo de la vida, vinculadas al acceso a trabajo digno, el aumento de la productividad y una mayor participación ciudadana.

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