El Domo de Runit, una colosal estructura de hormigón construida por Estados Unidos en las Islas Marshall para almacenar desechos nucleares, está mostrando signos de deterioro que encienden las alarmas de la comunidad científica. Con casi medio siglo de antigüedad, este depósito —conocido como el "ataúd nuclear"— presenta grietas y filtraciones, y el avance del océano agrava su fragilidad. La química de la Universidad de Columbia, Ivana Nikolic-Hughes, advierte que la integridad del recinto está en riesgo ante el aumento del nivel del mar y el recrudecimiento de tormentas.
Investigaciones recientes, citadas por medios internacionales, alertan sobre el flujo constante de agua entre el sarcófago y la laguna circundante, lo que podría derivar en un vertido masivo de sustancias radiactivas al océano Pacífico. Los expertos temen que la crisis climática acelere el daño estructural, incrementando las implicaciones ambientales y humanas, pues el domo está cerca de asentamientos poblados.
La controversia enfrenta a investigadores independientes con el Departamento de Energía de EE.UU., que sostiene que la afectación actual del complejo es marginal comparada con la contaminación heredada de los ensayos atómicos de la Guerra Fría. Mientras tanto, la comunidad científica insiste en que la amenaza es inminente y demanda acciones urgentes para evitar una catástrofe ambiental en el Pacífico.
¿Cómo el "ataúd nuclear" del Pacífico se convirtió en una seria amenaza ecológica?
El Domo de Runit, una estructura de hormigón erigida sobre el atolón de Enewetak, en las Islas Marshall, para cubrir una fosa creada por una detonación atómica, carece de un fondo aislado. Según el World Socialist Web Site (WSWS), más de 120.000 toneladas de escombros con plutonio reposan sobre ese cráter sin revestimiento inferior, lo que permite que el agua subterránea, impulsada por las mareas, circule diariamente. Investigaciones difundidas por ScienceAlert y la Australian Broadcasting Corporation (ABC) confirman que el agua del océano penetra el terreno coralino poroso, desplazando radionúclidos hacia la laguna adyacente.
La investigadora Ivana Nikolić-Hughes advirtió que el plutonio "permanece peligroso durante más de 24.000 años" y señaló que "la integridad del domo podría estar en peligro" debido al alza del nivel del mar. La experta agregó que la instalación dista apenas 32 kilómetros de asentamientos poblados, por lo que "las implicaciones son potencialmente devastadoras". Un eventual colapso gradual, producto del cambio climático, desataría una grave crisis ambiental regional.
El ingeniero nuclear Arjun Makhijani, presidente del Institute for Energy and Environmental Research, recordó que el depósito "ya presenta grietas en menos de 50 años", hecho que expone el riesgo inminente para las comunidades insulares vulnerables del Pacífico. El Domo de Runit alberga miles de metros cúbicos de residuos radiactivos generados tras las 67 pruebas atómicas estadounidenses ejecutadas entre 1946 y 1958 en las Islas Marshall. Su estructura de hormigón presenta severas grietas, lo que facilita la fuga de material radioactivo al océano.
¿Por qué el Domo de Runit es un peligro nuclear y qué secuelas reveló la ciencia?
El Domo de Runit, conocido popularmente como el "ataúd nuclear", presenta severas grietas en su estructura de hormigón. La instalación, erigida sobre el atolón de Enewetak para cubrir una fosa provocada por una detonación atómica, carece de un fondo aislado. Investigaciones difundidas por ScienceAlert y la Australian Broadcasting Corporation (ABC) confirman que el agua del océano penetra el terreno coralino poroso, un fenómeno que desplaza radionúclidos hacia la laguna adyacente.
Las secuelas humanas y ambientales de los ensayos atómicos persisten en la zona pacífica. Miles de pobladores autóctonos sufrieron desplazamiento forzado, mientras que los militares que participaron en la descontaminación presentaron severos padecimientos de salud. Análisis científicos recopilados hallaron altas radiaciones fuera de la cubierta protectora, y la zona de Bikini sigue siendo inviable para la vida humana. Frente a la amenaza que representa la estructura, los expertos divisan dos panoramas. El Departamento de Energía de Estados Unidos sostiene que las filtraciones son un aporte menor en comparación con el impacto histórico del programa nuclear en el lecho marino. Sin embargo, Ken Buesseler, especialista del Instituto Oceanográfico de Woods Hole, advierte que la estabilidad de la tumba atómica depende del ascenso paulatino del mar, el oleaje violento y los ciclones futuros. Estos factores, señala, exigen un monitoreo ambiental permanente sobre las comunidades locales.
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