El documental Uyariy, dirigido por Javier Corcuera, fue proyectado el mediodía del lunes 27 en una de las salas de la cadena de cines UVK de la plaza San Martín. Se trató de una función gratuita a la que asistieron público interesado, curiosos y varios activistas de derechos humanos. La cinta, que tiene como eje las matanzas ejecutadas por las fuerzas del orden para aplacar las revueltas de 2022 y 2023, fue elegida por la Asociación de Prensa Cinematográfica (APRECI) como la mejor película peruana del 2025. Es, además, el primer documental peruano en recibir este reconocimiento en los 19 años de existencia de APRECI. Es decir, hizo historia.
Las capas de la narración hacen que Uyariy no se quede en el trauma local y pase a ser una representación de la injusticia en la historia peruana. En La República hemos dado cuenta de la importancia de este trabajo, que sobrevive no solo por la sensibilidad de sus temas —más aún en estos tiempos de olvidos gracias a la rapidez en la que vivimos—, sino igualmente por su calidad estética, que incluye una cuidada fotografía y sonido. Lo que se vio el lunes dejó varias lecturas sobre la actualidad de un filme que ayuda a no olvidar lo que pasó.
Como parte de la jornada, los familiares de las víctimas hicieron una vigilia frente al Palacio de Justicia el lunes en la noche y estuvieron en la marcha del 28 en el centro de Lima. Uyariy acompaña ese reclamo que aún no es atendido.
“Queremos decirle a la señora Keiko que sin justicia no hay reconciliación”, declaró para La República Milagros Samillán, activista e integrante de la Asociación de los familiares de las víctimas del 9 de enero. Al finalizar la proyección de Uyariy, entre aplausos, Samillán volvió a subrayar este reclamo. Los familiares de las víctimas que iban a asistir a la función no pudieron llegar al quedarse atrapados en el intenso tráfico que a esa hora se generaba en el puente Atocongo.
En estos tiempos que corren, del olvido no se salva nadie. Uyariy sigue manteniendo vigencia por su calidad y mensaje (ambas características no siempre van de la mano), que adquiere otra dimensión cuando el reclamo por justicia sigue siendo una cuenta pendiente del Estado peruano. El documental ayuda a no olvidar lo que pasó. Corcuera parte de un hecho concreto para hacer una exploración sobre la historia de la violencia en el sur. Las capas de la narración hacen que el documental no se quede en el trauma local y pase a ser una representación de la injusticia en la historia peruana.
A esa misma hora, la plaza San Martín estaba rodeada de buses de la policía, que habían traído conjuntos musicales para celebrar el Día de la Independencia, aunque el acceso estuvo restringido. No dejó de llamar la atención que varias piezas musicales proviniesen de la zona sur del país (diablada, por ejemplo), de donde, vaya oscura ironía, eran las víctimas de las revueltas. Cuando Samillán terminó su intervención, el público formuló algunas preguntas y, del mismo modo, sugerencias sobre Uyariy. De las últimas, una que se viene escuchando desde su estreno en Juliaca en agosto de 2025: ¿qué se podría hacer para que el documental sea visto por más personas? Los familiares hicieron una vigilia frente al Palacio de Justicia el lunes en la noche y estuvieron en la marcha del 28 en el centro de Lima.
El documental *Uyariy* congregó a 55 mil espectadores en enero de 2026. El Eficavip, equipo especial del Ministerio Público para casos de víctimas en protestas sociales, fue desactivado el 6 de enero. Se reciben donaciones para los familiares de las víctimas al 973-487-807.
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