Hace más de 120.000 años, una profunda transformación ambiental alteró los ecosistemas europeos y desencadenó una severa crisis de supervivencia entre las poblaciones neandertales. Según una investigación publicada en el Journal of Archaeological Science, ese brusco cambio climático detonó la práctica del canibalismo, un comportamiento extremo que durante décadas se consideró un fenómeno aislado de causa incierta.
Los autores del estudio, Alban Defleur (École Normale Supérieure de Lyon) y Emmanuelle Desclaux (Laboratorio Departamental de Prehistoria del Lazaret), reexaminaron las evidencias halladas en la cueva de Moula-Guercy. Desde una perspectiva ecológica, confirmaron que estos "trastornos ambientales" fueron decisivos para modificar la conducta de dichos homínidos. Las marcas encontradas en los huesos evidencian prácticas canibalísticas y sugieren que fueron una respuesta a la hambruna provocada por el cambio climático.
El calentamiento global acelerado redujo drásticamente las presas disponibles al forzar la migración de la megafauna. Ante la escasez, los neandertales recurrieron al canibalismo como una medida extrema de subsistencia. El hallazgo, que reabre el debate sobre la relación entre el clima y el comportamiento humano primitivo, fue divulgado en la revista especializada y recogido por medios como National Geographic Historia.
Los investigadores Defleur y Desclaux sostienen que los “trastornos ambientales” provocaron “el agotamiento de presas al comienzo del Pleistoceno superior”. Este desabastecimiento nutricional, según explican, fomentó un “aumento del comportamiento canibalístico en los neandertales”, lo que indica que el consumo de congéneres fue una medida extrema frente a la hambruna y no un ritual cultural constante. La tesis se respalda en el yacimiento de la cueva de Moula-Guercy, en el actual sur de Francia, donde aparecieron restos óseos pertenecientes a seis individuos con hendiduras idénticas a las halladas en presas animales. Una investigación publicada en Science determinó que esas marcas evidencian cómo desmembraron, desarticularon y fracturaron los cuerpos con la intención explícita de extraer la médula rica en nutrientes.
Hace más de 114.000 años, durante el último período interglaciar, Europa experimentó un calentamiento global acelerado. La rápida fusión de glaciares, la subida de los mares y el cambio radical de la vegetación provocaron la migración masiva de la megafauna hacia zonas frías. Esto dejó a las poblaciones neandertales sin su sustento primordial de caza. La reconstrucción del entorno neandertal mediante fósiles faunísticos extraídos del sitio arqueológico reveló una metamorfosis radical del paisaje. El desplazamiento de los grandes herbívoros de clima gélido por reptiles y pequeños mamíferos adaptados al calor redujo de forma drástica las presas disponibles. Esa alteración del hábitat complicó la subsistencia de estas comunidades cazadoras en el nuevo bosque templado.
El debate académico sobre el canibalismo neandertal en la prehistoria europea sigue abierto. Mientras los autores del estudio sostienen que la antropofagia detectada en la cueva de Moula-Guercy fue una medida desesperada de supervivencia ante la escasez de recursos —y no un evento ritual—, arqueólogos como Ludovic Slimak cuestionan que todas las marcas en los huesos evidencien un consumo meramente alimentario. Slimak afirma que “algunas podrían corresponder a prácticas rituales de manipulación de cadáveres”. La comunidad científica coincide en la urgencia de examinar otros yacimientos paleolíticos y recabar pruebas inéditas. Solo así se podrá determinar si la crisis climática fue el factor determinante de este fenómeno o si existió una diversidad de hábitos entre las distintas poblaciones continentales.
Comentarios 0
Súmate a la conversación
Tu comentario es anónimo, pero para evitar bots necesitamos que te registres. Es gratis y toma 30 segundos.
Crear cuenta para comentar Ya tengo cuenta