José María Balcázar, minutos después de entregar la banda presidencial en el Congreso, afirmó que otorgar el indulto a Pedro Castillo estaba fuera del mandato que se le había encomendado. Con esa declaración, el expresidente dejó en manos del nuevo gobierno de Keiko Fujimori la decisión sobre la gracia presidencial, cerrando así meses de presión para que liberara al exmandatario encarcelado.
En declaraciones a la prensa tras el acto de transmisión de mando, Balcázar señaló que corresponderá a "un gobierno democrático elegido como corresponde" evaluar los casos políticos que hoy se discuten en el país. La solicitud de gracia presidencial había cobrado fuerza en los últimos días, especialmente luego de que Vladimir Cerrón llamara personalmente a Balcázar para pedirle que liberara a Castillo y otorgara un salvoconducto a Betssy Chávez.
No obstante, la Comisión de Gracias del Minjus ya había rechazado al menos dos solicitudes formales en las semanas previas, entre ellas una presentada por el congresista Elías Varas, por no cumplir los requisitos del reglamento. El expresidente en funciones del Congreso, Fernando Rospigliosi, había advertido que un indulto a Pedro Castillo sería "absolutamente ilegal y contraproducente", pues el expresidente cuenta con una condena en primera instancia y aún apela en segunda.
Con la salida de Balcázar y el ingreso de Keiko Fujimori, Castillo continuará recluido en el penal de Barbadillo, en Ate, mientras el nuevo gobierno decide si retoma el pedido. De esta manera, la responsabilidad de decidir sobre el futuro del expresidente encarcelado queda ahora en manos de la administración entrante.
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