Cada vez que el fenómeno El Niño vuelve a los titulares, el país actúa como si fuera un evento inesperado. Pero la próxima emergencia comenzó hace años, no por las lluvias, sino por la incapacidad de convertir el riesgo en una política pública sostenida. Se ha privilegiado la respuesta sobre la prevención y la excepción sobre la planificación. La cartera de la ANIN incluye 73 proyectos por S/ 28.24 mil millones, de los cuales el 52.6 % aún no tiene financiamiento. Lo más alarmante es que el 66 % de ese saldo corresponde a infraestructura de protección frente a inundaciones, justo la que debería estar lista antes del próximo episodio climático. El problema no es solo del Gobierno Nacional. Entre 2016 y 2026, los gobiernos regionales devolvieron al Tesoro Público S/ 5,142 millones destinados a reducir la vulnerabilidad y atender emergencias por desastres. Piura, Áncash e Ica, tres regiones históricamente expuestas a El Niño, lideran el ranking de recursos no ejecutados. La evolución del presupuesto muestra un patrón claro: seguimos asignando recursos con lógica reactiva, cuando el país necesita una estrategia permanente de gestión del riesgo. Por eso se requiere un Estado maduro: asegurar con seguros privados la infraestructura pública en zonas críticas; crear un observatorio con big data que detecte los puntos persistentes de falla; reestructurar el Programa Presupuestal 068 para darle un tratamiento específico; y diseñar contratos ex ante que se activen automáticamente ante el fenómeno o lluvias críticas. “Mientras sigamos planificando después de la lluvia, el próximo desastre ya habrá empezado”, advierte la columna. El Niño costero

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