Un nuevo estudio publicado en la revista científica Astronomy & Astrophysics podría cambiar la comprensión de uno de los mayores enigmas de la Vía Láctea: el origen de la enorme cantidad de antimateria detectada en su centro. La investigación, basada en más de 20 años de observaciones del telescopio espacial INTEGRAL, encontró indicios de emisiones de rayos gamma fuera del disco principal de la galaxia. De confirmarse, estos resultados sugerirían que la galaxia produce mucha más antimateria de la que los científicos habían calculado hasta ahora.

La antimateria detectada en nuestra galaxia aparece principalmente en forma de positrones, partículas con la misma masa que los electrones, pero con carga positiva. Cuando un positrón se encuentra con un electrón, ambas partículas se destruyen mutuamente y liberan una señal muy característica de rayos gamma con una energía de 511 kiloelectronvoltios (keV). Ahora, los indicios de emisiones fuera del disco galáctico sugieren que parte de esa antimateria podría estar escapando al espacio antes de desaparecer.

Para verificar estos hallazgos, se necesitarán más observaciones, como la prevista misión COSI de la NASA en 2027, que estudiará con mayor precisión las débiles emisiones de rayos gamma.

Investigación sugiere que parte de la antimateria de la Vía Láctea podría estar escapando al espacio.

Para profundizar en el misterio, los científicos analizaron todas las observaciones obtenidas por el telescopio espacial INTEGRAL, especializado en detectar rayos gamma y operativo durante más de dos décadas. Mientras elaboraban los mapas más precisos de la emisión de 511 keV, identificaron señales débiles en regiones ubicadas más allá del disco principal de la Vía Láctea. La evidencia más sólida apareció en el Complejo C, una enorme nube de hidrógeno que cae lentamente hacia la galaxia desde el espacio exterior. Los investigadores también detectaron una posible señal en la Corriente de Magallanes, una extensa estructura de gas asociada con las Nubes de Magallanes, galaxias satélite de la Vía Láctea.

Gracias a esa firma energética, los investigadores pueden localizar las regiones donde ocurre la aniquilación entre materia y antimateria. Sin embargo, existe un problema: las fuentes conocidas, como las explosiones estelares, los agujeros negros y las estrellas de neutrones, no generan suficientes positrones para explicar la intensidad de la señal observada desde hace décadas. De acuerdo con el estudio, estas regiones —como el Complejo C y la Corriente de Magallanes— no deberían producir grandes cantidades de positrones por sí mismas. Por ello, los autores proponen que parte de la antimateria habría sido generada dentro de la Vía Láctea y posteriormente habría recorrido grandes distancias antes de aniquilarse.

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La hipótesis plantea que algunos positrones abandonan la galaxia con una energía muy elevada, cruzan el espacio interestelar y, al frenar dentro de grandes nubes de gas, chocan con electrones y generan la señal de rayos gamma que los astrónomos han detectado. De confirmarse este escenario, la Vía Láctea produciría una cantidad de antimateria mucho mayor de la estimada, pues hoy solo se contabilizan los positrones que se desintegran dentro de la propia galaxia.

No obstante, el hallazgo aún requiere verificación. Aunque la señal más robusta alcanzó una significancia estadística de cuatro sigma, todavía no llega al estándar de cinco sigma que la comunidad científica exige para considerar un descubrimiento. Por eso, se necesitan nuevas observaciones independientes que determinen si esas emisiones realmente provienen de positrones que escaparon de la Vía Láctea.

Una de las misiones que podría aportar respuestas es COSI, el observatorio de rayos gamma de la NASA previsto para 2027. Este instrumento tendrá la capacidad de estudiar con mayor precisión esas débiles señales y ayudar a esclarecer el verdadero origen de la antimateria detectada en nuestra galaxia.

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