El Senado vuelve al Parlamento peruano después de más de tres décadas. Millones de peruanos nunca lo vieron en funcionamiento, ya que la última Cámara de Senadores fue elegida en 1990 y estuvo activa solo 20 meses, hasta la disolución del Congreso en 1992. El 5 de abril de ese año, el entonces presidente Alberto Fujimori ordenó el cierre del Legislativo. Un año después, la Constitución de 1993 eliminó el Senado e instauró un Congreso unicameral, donde todos los congresistas debatían y aprobaban las leyes en un mismo espacio, como se conoció hasta ahora.
Ahora, los 60 senadores electos deberán revisar las leyes aprobadas por los diputados y designar a altos funcionarios, como los directores del Banco Central de Reserva (BCR) y los magistrados del Tribunal Constitucional (TC). Esta función de control y revisión marca un cambio significativo en el equilibrio de poderes.
Los archivos periodísticos de 1980 y 1990 recuerdan el paso por el Senado de figuras políticas de renombre. Entre ellas, el expresidente José Luis Bustamante y Rivero, quien fue senador vitalicio, y personalidades como Luis Alberto Sánchez, Óscar Trelles o Máximo San Román, exsenadores que incluso llegaron a presidir la Cámara Alta.
Uno de los integrantes del Senado de 1990 fue Luis Bustamante Belaunde, arequipeño y abogado de profesión. Logró un escaño al ser electo por Lima como representante del Frente Democrático (Fredemo), la alianza conformada por el Movimiento Libertad, Acción Popular y el Partido Popular Cristiano, que llevó a Mario Vargas Llosa como candidato presidencial.
Bustamante recuerda que su ingreso a la política estuvo marcado por la difícil situación que atravesaba el Perú en esa época. “Entre los años 80 y 90 vivíamos una agitación muy marcada por el terrorismo, con una situación económica complicada, donde el desprestigio del país era muy grande. Todo esto me generó una inquietud que despertó de forma natural, y cuyo detonante fue el tema de la estatización de la banca que suponía que un Estado voraz, pretendía sustituir a las personas en la toma de sus decisiones más elementales de caracter económico y eso para mí era la pérdida de la libertad. Es así que decido ingresar al terreno político con el movimiento que fundamos con Mario Vargas Llosa”, comentó.
El exsenador también recordó que compartió hemiciclo con figuras como Felipe Osterling y Javier Alva Orlandini, quienes, según señaló, “daban cátedra de cómo ejercer la política dentro y fuera del Parlamento”. Sobre esa experiencia, añadió: “Todas eran tremendas figuras de las cuales uno va aprendiendo mucho, no solamente por su experiencia parlamentaria acumulada -que era importante- sino también por su experiencia partidaria que en muchos casos era ejemplar aunque uno no participara de las mismas líneas de pensamiento ni de acción, pero era ejemplar. Creo que allí hubo una escuela de aprendizaje importante. Los veinte meses que duró mi experiencia en el Senado, para mí fue una maestría intensiva en materia de conducción y comportamiento político”.
Así funcionará el nuevo Senado
El nuevo Congreso peruano estará dividido entre la Cámara de Diputados y el Senado. El constitucionalista Heber Joel Campos explicó que los diputados serán los encargados de presentar y debatir los proyectos de ley, mientras que los senadores cumplirán un rol complementario. “Mientras la Cámara de Diputados ejercerá el control político sobre el Poder Ejecutivo y tendrá a su cargo la producción legislativa, la Cámara de Senadores será responsable de revisar los dictámenes aprobados por los diputados sobre las distintas iniciativas o proyectos de ley sometidos a su consideración. Esta competencia es especialmente importante porque será el Senado el que tenga la última palabra”, apuntó. Campos recordó que a la Cámara de Senadores se le conoce como “cámara alta”, no por tener ventaja sobre la de Diputados, sino porque moderará eventuales excesos en los que podrían incurrir los diputados. Otra función clave será designar o ratificar a altos funcionarios públicos como el Defensor del Pueblo, el Contralor General de la República, los magistrados del Tribunal Constitucional o designar a altos mandos militares de las Fuerzas Armadas.
Los 60 senadores que asumirán funciones para el periodo 2026-2031 tendrán entre sus primeras tareas de alta responsabilidad la ratificación del presidente del Banco Central de Reserva (BCR) y la elección de tres de sus directores. Así lo señaló el economista y experto en gestión pública Milton Von Hesse, quien advirtió que esta decisión pondrá a prueba la capacidad del nuevo Senado para anteponer los intereses del país. “En su decisión el Senado va a tener que ser muy cuidadoso, porque tendrá que poner por delante los intereses del país y ser muy riguroso en la selección de estos funcionarios de alto nivel. Si el Banco Central es capturado por gente que no da la talla, por gente que no tiene los pergaminos académicos y laborales previos, lo que puede pasar es que la economía y los bolsillos de los peruanos pueden ponerse en riesgo”, opinó. Von Hesse consideró que el nuevo Senado debe evitar los errores parlamentarios de los últimos diez años, como decisiones que incrementaron el déficit fiscal y expandieron el gasto público sin financiamiento. “La experiencia dice que los senadores son más reflexivos y, por lo tanto, al ser una segunda instancia, deberán poner la cordura antes que los intereses particulares”, sostuvo. A diferencia de la Cámara de Diputados, el Senado no podrá ser disuelto, lo que le permitirá mantenerse en funciones incluso ante una eventual crisis entre el Ejecutivo y la Cámara Baja. A 34 años de la experiencia anterior, el exsenador Luis Bustamante Belaúnde afirmó que la nueva cámara alta deberá demostrar que su retorno puede mejorar la calidad del trabajo del Congreso. “El nuevo Senado tiene sobre sus hombros la responsabilidad de rescatar lo que se espera de un Senado: una cámara de reflexión, no de iniciativa, pero sí de confirmación de las medidas auténticamente convenientes para el país y de corrección de aquellas que no lo sean”, declaró. No obstante, advirtió que el regreso del Senado no garantiza, por sí solo, mejores leyes ni mejores decisiones, pues ello dependerá de la preparación, la independencia y la integridad de sus 60 integrantes. Cada norma que revise y cada autoridad que elija tendrá consecuencias directas en la vida de todos los peruanos. Por eso, el primer gran desafío del Senado será demostrar si puede convertirse en un verdadero filtro y en un contrapeso real dentro del poder político.“El nuevo Senado tiene sobre sus hombros la responsabilidad de rescatar lo que se espera de un Senado: una cámara de reflexión, no de iniciativa, pero sí de confirmación de las medidas auténticamente convenientes para el país y de corrección de aquellas que no lo sean”
Luis Bustamante, exsenador de la República
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