El Perú no ha logrado recuperar los niveles de mortalidad previos a la pandemia. Por el contrario, la tasa de fallecimientos creció 21,1% entre 2019 y 2025, al pasar de 404 a 490 muertes por cada 100.000 habitantes, según un informe del Instituto Peruano de Economía (IPE). Este incremento está impulsado principalmente por el cáncer y otras enfermedades crónicas como las cardiovasculares, la hipertensión, la neumonía y afecciones respiratorias, que se acumulan en un sistema de salud precario.
El cáncer, en particular, se ha convertido en la primera causa de muerte en el país. Su tasa de mortalidad subió de 96 a 119 fallecimientos por cada 100.000 habitantes durante ese mismo periodo. Para el exministro de Salud Víctor Zamora, este comportamiento responde a dos procesos simultáneos: el envejecimiento de la población, que eleva naturalmente la mortalidad, y la transición epidemiológica, donde las enfermedades infecciosas han cedido terreno a las crónicas. “En el Perú concurren esos dos elementos, una población envejecida que tiene un aumento de enfermedades crónicas, degenerativas, cáncer, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Por lo tanto la mortalidad aumenta”, explicó a RPP.
No obstante, Zamora precisó que una parte de esas defunciones corresponde a lo que se conoce como mortalidad evitable, es decir, fallecimientos que podrían prevenirse con un diagnóstico oportuno y una atención adecuada. Y ahí, advirtió, es donde el Perú está fallando.
Pese a que el presupuesto destinado al programa “Prevención y Control del Cáncer” creció 61,6% en términos reales entre 2019 y 2025 —pasando de S/1.100 millones a S/1.650 millones—, especialistas señalan que el reto sigue siendo mejorar el diagnóstico temprano y la calidad del gasto. El aumento de recursos no ha logrado revertir la tendencia al alza de la mortalidad por esta enfermedad.
El Perú cuenta con solo cuatro institutos especializados en cáncer y 63 mamógrafos operativos, de los cuales casi una cuarta parte se concentra en Lima, mientras que Amazonas no tiene ninguno. A esto se suma que aproximadamente el 54% de los médicos oncólogos está en Lima Metropolitana, y regiones como La Libertad enfrentan un déficit importante de especialistas. De los 27 oncólogos pediátricos que hay en el país, 25 trabajan en la capital, lo que obliga a muchas familias del interior a trasladarse para acceder a tratamiento.
Para Víctor Fuentes, gerente de Políticas Públicas del IPE, el incremento de recursos evidencia que el cáncer ha ganado espacio en las prioridades del Estado, aunque el principal reto sigue siendo la calidad de la ejecución del gasto. “Si bien incrementar el presupuesto es una buena noticia porque nos dice algo sobre las prioridades del Estado, el segundo paso es la ejecución adecuada de los recursos públicos para lograr una menor mortalidad”, sostuvo. Fuentes apunta que el problema ya no pasa únicamente por asignar más dinero, sino por gestionar mejor los recursos disponibles: “Creemos que tiene más que ver con la gestión pública. Hemos avanzado lento en una mejor provisión de prevención, que debería tener una mayor asignación de presupuesto y esfuerzo para detectar casos tempranos, pero también hace falta un mayor esfuerzo para las personas que ya están en tratamiento”.
Sin embargo, esto no viene acompañado de una atención oportuna, tanto en prevención como en diagnóstico y acceso al tratamiento. Para el exministro Zamora, el sistema de salud peruano “no se ha adaptado al cambio del perfil epidemiológico del país y la inversión debe enfocarse en fortalecer el diagnóstico y tratamiento oportunos”. Agregó que ampliar la cobertura de mamógrafos, contar con más personal capacitado para el diagnóstico temprano y fortalecer la atención primaria permitiría reducir la mortalidad y hacer más eficiente el uso de los recursos públicos.
En materia de cáncer, el diagnóstico tardío sigue siendo la realidad predominante en Perú: durante los últimos cinco años, el 56% de los casos fueron detectados en estados avanzados (etapas III y IV). En 2024, apenas el 10,5% de la población objetivo se realizó una mamografía y solo el 39,5% accedió al examen de Papanicolau. Para el exministro Víctor Zamora, el momento del diagnóstico marca una diferencia crucial. “Cuando se diagnostica temprano un cáncer, uno le dice al paciente de qué cáncer se va a salvar. Cuando uno diagnostica tarde el cáncer en un paciente, uno le informa de qué cáncer se va a morir”, afirmó.
Zamora también advirtió que los diagnósticos tardíos elevan los costos del sistema de salud, al requerir tratamientos más complejos, hospitalizaciones prolongadas y medicamentos de alto costo. “La atención especializada y la detección temprana significan para el paciente una mayor probabilidad de retomar su actividad laboral, menos medicamentos y menos sesiones de quimioterapia. Para el Estado, eso también implica un menor costo fiscal, porque los medicamentos y la atención en etapas tardías son mucho más caros”, añadió.
Reducir la mortalidad es posible en menos de cinco años
Según Zamora, reducir la mortalidad por cáncer en el Perú es viable si el Estado prioriza el diagnóstico y tratamiento oportunos, incrementa los recursos para el sistema de salud y mejora la calidad del gasto. Una estrategia enfocada en esas áreas podría generar resultados tangibles en menos de cinco años. “En materia de cáncer, si este nuevo gobierno se pone como prioridad la reducción de la mortalidad habitable por cáncer, ellos pueden tener en menos de 5 años resultados tangibles en cáncer de mama con los recursos que tenemos actualmente, inyectándole específicamente para fortalecer el diagnóstico temprano, mamógrafos, personal entrenado y centros de atención donde se envíen las pacientes que han sido diagnosticadas”, apuntó. Y agregó: “Todos nos vamos a morir. Pero no tenemos que morir de aquello que se puede evitar. Que se puede evitar”.
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