Los especialistas realizaron una secuenciación completa del genoma para analizar el ADN de los tumores. Aunque anticipaban hallar mutaciones exclusivas de cada pez afectado, descubrieron que las células cancerosas de diferentes ejemplares compartían cientos de miles de variantes genéticas que no estaban presentes en sus hospedadores. Este patrón reveló que los tumores pertenecían a un mismo linaje celular capaz de trasladarse entre animales, convirtiendo a este melanoma en el primer cáncer transmisible documentado en una especie de agua dulce.
Los investigadores aún investigan la ruta exacta de propagación, pero manejan varias hipótesis. Una de las principales sugiere que el contagio ocurre durante el periodo reproductivo, cuando los peces se congregan en aguas poco profundas y mantienen un contacto físico intenso que podría facilitar el intercambio de células tumorales. Otra posibilidad es que los sedimentos del fondo alberguen células cancerosas libres, dado que estos peces carecen de escamas y están en contacto permanente con el lecho del lago.
Además, el equipo detectó niveles elevados de arsénico en las células cancerosas y notó que la distribución geográfica de la enfermedad coincide con zonas cuyos suelos contienen altas concentraciones naturales de este elemento. No obstante, los autores aclaran que no hay evidencia de que el arsénico sea la causa directa del cáncer, sino un posible factor que podría favorecer su desarrollo.
Este hallazgo constituye apenas el cuarto tipo de cáncer transmisible documentado en el reino animal, sumándose al tumor facial del demonio de Tasmania, al tumor venéreo transmisible de los perros y a enfermedades similares en moluscos bivalvos. Los científicos destacan que la enfermedad no representa un riesgo para las personas, ya que las células cancerosas no pueden sobrevivir ni infectar otras especies. Aunque el impacto sobre las poblaciones de peces aún está bajo estudio, comprender la capacidad de estas células para sobrevivir fuera de su hospedador permitirá conocer mejor los mecanismos que limitan la expansión del cáncer en la naturaleza. El descubrimiento amplía el conocimiento sobre la evolución del cáncer y demuestra que estas enfermedades podrían ser más comunes de lo que se pensaba. Los investigadores consideran que este caso abre una ventana para entender cómo ciertas células malignas logran comportarse como parásitos, desafiando las barreras biológicas habituales.
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