Pese a que el país enfrenta retos urgentes como la inseguridad ciudadana, las deficiencias en salud y educación pública, y los estragos del fenómeno El Niño que se aproxima con fuerza, la figura del sentenciado golpista Pedro Castillo se ha instalado con fuerza en la agenda política nacional. Así lo evidencian los juramentos y proclamas escuchados durante la asunción de los nuevos senadores y diputados.
Desde la izquierda se impulsa la narrativa de que liberar a Castillo es un paso fundamental para la reconciliación y el progreso del Perú. Lo presentan casi como un Nelson Mandela, cuya salida de prisión sería un imperativo moral para cerrar heridas y lograr la reconciliación nacional. Intentan retratarlo como un “mártir de la defensa de los pobres y olvidados de este país”, que terminó en una oscura prisión por culpa de los “poderosos” y de esos “mistis” que describía José María Arguedas.
Nada de eso es cierto. El expresidente Castillo está preso por ser un vil golpista, un aprendiz de dictador, un tiranuelo que, si no logró patear la Constitución, fue porque las instituciones democráticas funcionaron y nadie secundó su intentona. Además, se trata de un agitador profesional, un tirapiedras y quemallantas, el plagiador de una tesis de grado y el cabecilla de un sindicato aliado de Sendero Luminoso que solo buscaba aumentos salariales y beneficios sin evaluaciones de competencias de por medio.
Que desde la izquierda y gran parte del nuevo Congreso se intente presentar como “perseguido político” a quien debe responder por múltiples y bien sustentadas denuncias de corrupción es una tomadura de pelo. Este caballero tiene vigente una prisión preventiva porque el Ministerio Público y el Poder Judicial, que ha validado su detención, han visto indicios de que es un pericote de aquellos, al que se compraba con sobres llenos de plata sucia para que la reparta entre los hermanos sedientos de dinero. Las autoridades del país, tanto desde el Ejecutivo como desde el nuevo Congreso bicameral, tienen una agenda muy importante por delante como para perder tiempo en la situación del golpista y corrupto Castillo. Él debería ser relevante solo en los pasillos del Ministerio Público, que debe acelerar las investigaciones en su contra para que de una vez todo pase a juicio oral y reciba, de ser el caso, la nueva condena que merece por las raterías que todos conocemos.
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