El cierre del estrecho de Ormuz no solo genera impactos económicos, energéticos y humanitarios. Expertos internacionales advierten sobre un riesgo biológico latente: los barcos varados en la zona podrían trasladar especies acuáticas hacia hábitats ajenos. La advertencia fue publicada el 22 de julio de 2026 en la revista Biological Invasions, donde se detalla la magnitud del problema.

Un análisis liderado por el ecólogo marino Mario N. Tamburri estima que unas 1.500 embarcaciones de gran calado permanecen varadas en el golfo desde el 28 de febrero de 2026, a las que se suman cientos de navíos estacionados en zonas adyacentes. La inactividad prolongada sobre el agua favorece la bioincrustación, un proceso en el que algas, percebes, mejillones y microorganismos colonizan los sectores sumergidos de los buques. Mientras que la estancia habitual en los muelles raras veces supera las 48 horas, una paralización extendida desencadena una acelerada proliferación biológica.

El estrecho de Ormuz es un paso marítimo vital. Según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, en 2024 esta ruta hacia el golfo Pérsico, el golfo de Omán y el mar Arábigo movilizó alrededor de 20 millones de barriles de petróleo diarios, equivalentes a cerca del 20% del consumo mundial de líquidos derivados del crudo. Ante esta situación, los expertos recomiendan inspeccionar y desinfectar las embarcaciones antes de zarpar, así como implementar medidas para proteger los ecosistemas locales.

El cierre del estrecho de Ormuz ha desatado preocupaciones sobre el riesgo biológico de transportar especies invasoras en barcos varados. Expertos advierten sobre la bioincrustación en embarcaciones detenidas.

El equipo científico analizó una red de 3.027 embarcaciones, 248.362 atraques y 3.517 terminales marítimas para dimensionar el riesgo. El estudio advierte que, si el frenazo en Ormuz supera los márgenes diseñados —entre 18 y 30 días—, el peligro es muy elevado, según la Organización Marítima Internacional. Por ello, el organismo sugiere implementar “acciones inmediatas antes del próximo viaje”.

El nulo desplazamiento reduce drásticamente la protección de las pinturas antiincrustantes, lo que facilita que comunidades vivas se adhieran a hélices, timones y tuberías. Esa acumulación sobre piezas estáticas convierte los cascos en reservorios biodiversos listos para zarpar. Una vez que se reanude la navegación, esos buques comerciales transportarán la fauna adherida hacia múltiples fronteras.

Las aguas del golfo Pérsico rozan los 38 °C en verano y presentan un alto nivel salino. Los organismos adaptados a ese entorno extremo resistirán trayectos extensos y colonizarán con facilidad otros ecosistemas cálidos. Actualmente no hay confirmación de una colonización global masiva, sino la descripción científica de una amenaza latente. La posibilidad de que esta crisis se convierta en un evento de superpropagación depende de la rapidez y coordinación de las estrategias ejecutadas antes y después de que zarpen las embarcaciones.

lr.pe Los expertos recomiendan inspeccionar y sanear las zonas sumergidas de los buques, monitorear sus primeros destinos y establecer alertas internacionales para mitigar el riesgo. La Organización Marítima Internacional (OMI) aconseja emplear tecnologías de captura durante la desinfección submarina, con el fin de evitar **el vertido de microplásticos o restos biológicos**. En febrero de 2026, el organismo informó que avanzaba en la creación de un instrumento jurídico específico para gestionar la bioincrustación y reducir el traslado de especies acuáticas invasoras mediante los cascos. La alarma se debe a que la fauna exótica altera las cadenas tróficas, ocupa nichos ecológicos y desplaza a los ejemplares autóctonos, perjudicando la pesca y la acuicultura. Además, los organismos adheridos transmiten patógenos y parásitos a especies de valor comercial, una contingencia crítica en recintos portuarios industriales donde la contaminación reduce las defensas naturales del entorno.

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