A casi un kilómetro de profundidad, donde la luz no llega y el alimento escasea, un crustáceo gigante de la especie Bathynomus jamesi logra resistir largos periodos sin comer. Un equipo del Instituto de Oceanología de la Academia China de Ciencias identificó las adaptaciones biológicas que lo hacen posible, en un estudio publicado en la revista Cell que transforma la comprensión sobre la evolución en los abismos marinos.

Este isópodo habita entre 898 y 1.500 metros bajo el nivel del mar, en condiciones extremas de oscuridad, temperaturas gélidas y escasez de recursos. "Es un mundo de noche perpetua y presión aplastante, y aun así la vida encuentra un camino", declaró Jianhai Xiang, coautor del trabajo, sobre las duras condiciones de dicho hábitat. La investigación revela las claves biológicas que permiten a este crustáceo resistir prolongados periodos de ayuno en las profundidades abisales.

Los científicos chinos descubrieron la estrategia biológica que permite a este enorme crustáceo soportar periodos prolongados sin alimento en un entorno caracterizado por temperaturas gélidas y una marcada escasez de recursos nutricionales. La investigación abre novedosas rutas para comprender la evolución de la fauna en hábitats hostiles.

La especie Bathynomus jamesi habita entre 898 y 1.500 metros bajo el mar, donde las condiciones son hostiles y el alimento escaso.

El hallazgo del gen ND1 en el isópodo de aguas profundas Bathynomus jamesi representa un avance crucial en el control del metabolismo energético. Los investigadores sostienen que ese fragmento de ADN ingresó al genoma del animal mediante transferencia horizontal desde una bacteria simbiótica, un evento inusual entre microbios y fauna. No obstante, los especialistas aclaran que esta secuencia biológica no explica por sí sola la capacidad de soportar un ayuno de cinco años, sino que forma parte de una red de adaptación más amplia.

"Es un mundo de noche perpetua y presión aplastante, y aun así la vida encuentra un camino", afirmó Jianhai Xiang, especialista del Instituto de Oceanología de dicha institución y autor principal del análisis. Sus palabras describen las duras condiciones de la zona abisal, donde la luz solar no penetra y el alimento llega de forma esporádica. Comprender estos procesos metabólicos no solo descifra los enigmas del lecho oceánico, sino que también transforma la visión actual sobre los límites de la supervivencia planetaria.

Para evaluar sus propiedades, el equipo científico implantó la secuencia en peces cebra, nematodos y células humanas. En ambientes fríos, el gen frena la actividad de las mitocondrias, reduce el gasto metabólico y prolonga la resistencia ante la escasez de alimento. En las pruebas con peces cebra, la supervivencia aumentó cerca de un 37%, logro que llevó a Jianbo Yuan a calificar el mecanismo como una válvula que ajusta el consumo de recursos según el ambiente. El hallazgo resalta la asombrosa capacidad de adaptación del reino animal frente a factores extremófilos.

lr.pe La convivencia del gigante marino con bacterias del grupo Chlamydiae, que potencian el depósito de lípidos, es parte de una estrategia que Yuan describió como "una situación en la que todos ganan". A esto se suma un metabolismo basal reducido y un estómago enorme que funciona como almacén. Comprender estas estrategias únicas abre la puerta a descubrimientos relevantes en biología evolutiva, medicina, conservación y desarrollo tecnológico inspirado en criaturas extremas.

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