Setenta y dos horas antes de que el fuego devorara su casa en el jirón Pisagua, cuatro niños y cuatro adultos de una misma familia compartieron un paseo dominical en la playa Agua Dulce, en Chorrillos. Era el domingo 19 de julio. Sin saberlo, esa sería la última vez que estarían juntos. El miércoles 23 de julio, a las tres de la madrugada, un incendio de origen aún no determinado acabó con la vida de diez personas del mismo clan familiar: cinco menores y cinco adultos.
Selina Vilca Vílchez perdió a una decena de miembros de su familia en el siniestro. Ella sobrevivió para contarlo. Entre los fallecidos está su sobrino Jassiel, de tres años, quien la acompañó en aquella salida a la playa junto con sus padres, Orestes Vílchez Cuadros y la colombiana Katleen Gómez Cuello. Los tres murieron entre las llamas. “Ese domingo, mi sobrino Jassiel me dio un abrazo fuerte. Fue un abrazo extraño. Sentí como si me estuviera diciendo: ‘No me sueltes’. Nunca pensé que era una despedida”, recordó Selina Vilca.
En total, siete de las personas que participaron del paseo dominical —cuatro niños y tres adultos— fallecieron en el incendio. Selina Vilca Vílchez fue la única de ese grupo que logró salir con vida. La tragedia ocurrió en el jirón Pisagua, en el distrito de La Victoria. Todas las víctimas estaban unidas por lazos familiares.
“A veces la muerte se anuncia con señales de las que recién nos damos cuenta después de que todo está consumado”, reflexiona Selina, tía de Jassiel. Aquel domingo, los niños se divirtieron como nunca antes, sin imaginar que sería la última vez que compartirían un momento feliz. La investigación sobre el origen del incendio continúa en curso.
La estrella de TikTok
Las llamas arrasaron la vivienda precaria de la cuadra cuatro del jirón Pisagua, en la urbanización Manzanilla II, La Victoria, donde también funcionaba el negocio familiar de venta al por mayor de colchones. “Compraban espumas, rellenaban colchones y los vendían. La espuma la compraban en la Cachina del jirón Parinacochas, que está cerca a las avenidas Grau y Aviación”, relató Nayelly Meza, prima hermana de Renzo Rojas Meza, padre de tres de los cinco niños fallecidos en el siniestro. Renzo Rojas logró sobrevivir.
Los cinco menores que perdieron la vida son Jassiel Vílchez Gómez, de tres años; Gloria Vílchez Bastidas, de seis años; y los hermanos Mhia Rojas Vílchez, de seis años; Renzo Rojas Vílchez, de ocho años; y Solange Rojas Vílchez, de 15 años.
En la casa, la señal de que Mhia Rojas, de seis años, ya estaba despierta era una canción. Convertía cualquier rincón en pista de baile; le fascinaba TikTok, no por los seguidores ni por los “me gusta”, sino porque bailar la hacía feliz. Repetía una coreografía una y otra vez hasta lograr el movimiento perfecto. Su infancia transcurrió entre canciones virales, risas y videos grabados con la naturalidad de una generación que aprendió a jugar frente a una cámara. “Mhia era alegre, bailarina, le gustaba bailar sus tiktoK”, la recordará siempre su tía Selina Vilca.
Mhia se divirtió mucho en la playa de Agua Dulce, sin saber que nunca más volvería. Hoy esos videos ya no son simples publicaciones: son fragmentos de una vida que se detuvo demasiado pronto. No todos los niños soñaban con celulares.
La mamá. Paola Vílchez Cuadros era la madre de Solange Rojas. Ambas murieron. Foto: difusión
El rey del trompo
Selina Vilca, entre lágrimas, recordó a Renzo Rojas, de ocho años, como un niño distinto: “Renzo era diferente, él era un poco más serio, le gustaba molestar y pelear con sus hermanas, propio de la infancia”. A diferencia de su hermana Mhia, que prefería hacer TikTok, Renzo salía a la calle con un trompo en el bolsillo. Cada tarde buscaba un pedazo de pista para hacerlo girar y competir con otros niños. En otras ocasiones, corría detrás de una pelota junto a sus tíos José María y Orestes, o molestaba a sus hermanas, como suele ocurrir en cualquier infancia. La familia encargó a Selina que hablara por todos; ella acompañó a los niños que estuvieron en Agua Dulce y compartió con ellos los últimos mejores momentos de sus vidas.
Renzo guardaba otra pasión menos evidente: “A él le gustaban los números, era muy bueno en matemáticas”, dijo su tía. Mientras otros resolvían ejercicios por obligación, él parecía disfrutarlos. El incendio consumió también el cuaderno donde llenaba páginas de operaciones que algún profesor esperaba corregir.
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Los colores de Gloria
Gloria Vílchez no estuvo con su familia en Agua Dulce. “Ella no debió morir así, no debió irse así de esa manera, ella…”, se interrumpió Celia Vílchez, su tía, antes de romper la frase. A diferencia de otras niñas que se divertían con muñecas u otros juguetes, Gloria parecía encontrar belleza en cualquier hoja en blanco. “A ella le gustaba el arte, le encantaba pintar”, continuó relatando Selina Vilca. Buscaba crayones, plumones y colores, y dibujaba sin prisa, como si cada trazo fuera una conversación con un mundo que solo ella podía imaginar. Gloria murió junto a su padre, José María Vílchez, aquella madrugada.
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Retrato de muertos
Selina Vilca hojea las fotografías de sus diez familiares fallecidos en el incendio y repasa las señales que anticiparon la tragedia. “Una semana antes, yo ya tenía sueños frecuentes de que algo malo iba a pasar. En uno de mis sueños se me caían todos mis dientes. Entonces pregunté a una señora que sabe de esas cosas para que me dijera qué significaba mi sueño y me dijo: ‘Algo le va a pasar a tu familia’”, confió. Era un presagio de la muerte que se avecinaba, pero ella no lo supo interpretar.
Mientras los peritos de Criminalística recuperaban los cuerpos y los fiscales recorrían el inmueble en busca del origen del siniestro, la familia buscaba otra cosa: los nombres. Necesitaban confirmar que aquellos cuerpos irreconocibles por el fuego seguían siendo las personas con las que, apenas horas antes, habían compartido un domingo de playa. “Fue la parte más horrible. El momento más duro. Identificarlos. Uno por uno”, recordó Selina.
La quinceañera Solange Rojas, una soñadora
- A los 15 años muchos cambian de sueño cada semana. Solange Rojas no. Ya había decidido qué quería hacer cuando terminara el colegio: convertirse en policía.
- “En sus días libres preparaba cremas volteadas, chocotejas, hasta helados, y los vendía a la familia. También iba a vender a la Cachina, pero iba acompañada”, recordó su tía Selina Vilca. No esperaba que le regalaran dinero; prefería ganarlo.
- Solange Rojas fue parte del grupo que estuvo en Agua Dulce el domingo antes de la tragedia del miércoles. En el incendio murió junto con su madre, Paola Vílchez Cuadros. Su padre sobrevivió.
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