Así como ocurre con las personas, los perros también son más propensos a desarrollar enfermedades crónicas a medida que envejecen. Por ello, los especialistas recomiendan llevarlos a controles veterinarios de forma periódica, incluso si no muestran síntomas evidentes, para prolongar su bienestar y calidad de vida.

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Los perritos geriátricos deberían acudir a consulta con regularidad, aunque parezcan estar sanos. El objetivo no es esperar a que aparezca un problema, sino anticiparse”, señala María Lourdes, decana de la carrera de Medicina Veterinaria de la Universidad Científica del Sur.

Los caninos de razas pequeñas son considerados senior a partir de los 10 a 12 años; los de talla mediana entre los 8 y 10 años, y los grandes entre los 6 y 8 años. Foto: Istock

El envejecimiento canino suele manifestarse con señales que los dueños no siempre notan, como menor actividad, cambios en el apetito o el peso, alteraciones en el sueño y modificaciones en el comportamiento, entre ellas la desorientación. En esta etapa, una de las afecciones más frecuentes es la osteoartrosis, una enfermedad degenerativa que afecta las articulaciones y a menudo se confunde con cansancio. Le siguen los problemas cardíacos, que atacan principalmente a razas pequeñas. También son comunes los trastornos endocrinos, como el hipotiroidismo y el síndrome de Cushing, causado por un exceso de cortisol. A ellos se suma la disfunción cognitiva, conocida como demencia canina.

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