Así como ocurre con las personas, los perros también son más propensos a desarrollar enfermedades crónicas a medida que envejecen. Por ello, los especialistas recomiendan llevarlos a controles veterinarios de forma periódica, incluso si no muestran síntomas evidentes, para prolongar su bienestar y calidad de vida.
“Los perritos geriátricos deberían acudir a consulta con regularidad, aunque parezcan estar sanos. El objetivo no es esperar a que aparezca un problema, sino anticiparse”, señala María Lourdes, decana de la carrera de Medicina Veterinaria de la Universidad Científica del Sur.
El envejecimiento canino suele manifestarse con señales que los dueños no siempre notan, como menor actividad, cambios en el apetito o el peso, alteraciones en el sueño y modificaciones en el comportamiento, entre ellas la desorientación. En esta etapa, una de las afecciones más frecuentes es la osteoartrosis, una enfermedad degenerativa que afecta las articulaciones y a menudo se confunde con cansancio. Le siguen los problemas cardíacos, que atacan principalmente a razas pequeñas. También son comunes los trastornos endocrinos, como el hipotiroidismo y el síndrome de Cushing, causado por un exceso de cortisol. A ellos se suma la disfunción cognitiva, conocida como demencia canina.
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