El actor y dramaturgo David Carrillo dirige 'Los cuatro letras', una obra que empezó como un “autodebate” y que aborda los vínculos y la congruencia. En ella, cuatro amigos —un publicista, una maestra, una lingüista y un abogado que postula al Congreso— se reencuentran años después de haberse conocido en la universidad durante los estudios generales.
Carrillo tuvo la primera idea antes de la pandemia y retomó el guion en 2024. “Los jóvenes quieren dos cosas: dinero o salvar al Perú”, afirma quien fue scout hasta los 18 años y pudo ser bombero. “Eso fue hasta los 18, hasta que descubrí una cosa que no voy a decir públicamente, pero algo pasó que no hice el examen porque me chocó”, agrega.
En la puesta en escena, el dramaturgo confronta a generaciones: una asistente millennial que responde con velocidad de IA y una adolescente interpretada por su hija, Almudena Carrillo. Ambos ya habían trabajado juntos durante la pandemia en La mujer que queda, donde ella estuvo a cargo de la animación. Sin hacer spoiler, su personaje también es artista.
“Mi primer instinto fue protegerla. Además, había empezado una carrera y los ensayos son agotadores y pensaba: ¿y qué pasa si le llega una mala crítica?”, comenta el director. “Ella me ha acompañado de la mano en mi evolución o mi involución, como quieran llamarlo, teatral”.
¿Por qué querías hablar del inicio de la carrera de cuatro jóvenes?
Antes de caer en la melancolía o en la crisis de pensar que todo tiempo pasado fue mejor —algo que, según Carrillo, parece encantarle a nuestra sociedad—, el dramaturgo decidió reconectar con su yo actual. “Es tratar de poner esos temas y enfrentarlos a mi yo actual, pero no quería hacer una obra nostálgica”, explica. Para ello, elaboró una larga lista de palabras de cuatro letras —como alma, vida, pena, daño, risa— y convocó a cuatro personajes de letras para someterlos a una reactualización de sus propios conceptos. La idea era que reflexionaran sobre qué significaba el amor a los 20 años y qué significa ahora a los 50. “Reconectar es una palabra clave en la obra”, añade.
¿Y en qué momento se te ocurrió escribir sobre un abogado y músico que ahora quiere ser político?
Carrillo confiesa que siempre ha sentido una necesidad, un compromiso de servicio. La obra, que califica casi como un monólogo desde sus puntos de vista, aborda su propio debate interno: si el artista se puede separar de su obra. Ya había terminado el texto cuando, hacia fines del año pasado, recibió dos propuestas para participar en política. Aunque no se considera una persona activa para postular al Congreso, lo invitaron a inscribirse en un partido. “La pensé y dije no”, relata. “Yo estoy en una discusión conmigo mismo sobre realmente qué es lo que hay que hacer y no terminar siendo rellenos o no sé qué, porque también sé que se utilizan”. En ese sentido, advierte: “Es confuso porque hay mucho ego y te pueden manipular. Todos tenemos una tendencia al egoísmo y al egocentrismo”.
Puede ser una imagen de texto que dice
Firmaste el pronunciamiento contra la creación del Colegio de Artistas. ¿Qué te parece que ahora tengan que volver a las aulas o, en algunos casos, empezar? Desde la pandemia, Carrillo sintió que la guerra cambió: ya no era la indiferencia, sino el desprecio. “Me acuerdo que cuando estábamos encerrados, nunca hubo un anuncio o beneficios para el sector. Entonces, pasamos del ‘ah, ustedes existen’ a luchar contra el desprecio que se está volviendo moda, ¿no?”. Y agrega: “Pareciera que es divertido chancar a artistas y que es divertido ningunearlos. Les divierte decir: ‘ustedes no merecen nada’”. Sin embargo, aclara que esto ocurre también en otros países. Sobre la exigencia de títulos, el actor recuerda que ingresó a la Católica a los 20 años y que su formación actoral fue un taller con su maestro Alberto Ísola. “Aunque entendimos y respetamos, mientras íbamos avanzando, el Estado comenzó a pedir que los profesores de la universidad tuvieran títulos, pero los maestros de teatro no los tienen”. En esa línea, critica que un colegio le diga a un niño “que no le permite ser artista hasta que cumpla 18” (sonríe). Para él, todo esto tiene que ver con el aprovechamiento. Recomendación: La obra cumple temporada en el Teatro Racional, en Balta 170, Barranco. Hasta el ocho de agosto.
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