Atender a cinco generaciones de una misma familia es una experiencia que pocos médicos pueden contar. Eso es lo que le sucede al geriatra que, al trabajar a domicilio, termina siendo mucho más que un profesional de la salud. Hace algunos años, el médico atendió a la señora Irma (93), abuela de su amigo Luis, quien falleció por problemas renales. Años después, trató a la mamá de Luis, la señora Rosa, que murió del corazón. Hoy, el galeno atiende a Luis, a sus hermanas y, eventualmente, a los hijos de Luis, que ya son jóvenes. Incluso, sin ser pediatra, ha atendido a las sobrinas de Luis: cinco generaciones de pacientes.
Y es que el geriatra, al ingresar a los hogares de sus pacientes, "más que entrar a la casa del paciente, entra a su hogar". En más de una ocasión, el médico ha sido invitado a celebraciones de bodas de oro, bautismos y también a la misa por el fallecimiento de alguno de sus pacientes. Así, el geriatra se convierte en una pieza clave de apoyo y, más que un médico que diagnostica y receta un medicamento, se vuelve "un amigo de la familia para siempre".
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