Las imágenes desde el espacio revelaron una desincronización en las estaciones del año. Foto: Shutterstock Un equipo de científicos de la Universidad de California, Berkeley, ha observado la Tierra desde el espacio y descubrió que la primavera, el verano, el otoño y el invierno están desincronizados. Los investigadores lograron mapear los ciclos estacionales de plantas y otras especies a nivel global, revelando una alteración en los patrones de crecimiento estacional. Drew Terasaki Hart, ecologista de la misma universidad, publicó un artículo en The Conversation donde explica que, en muchas regiones del planeta —especialmente en zonas de climas complejos como las regiones mediterráneas—, las estaciones no siempre coinciden. "A menudo se puede pensar en la estacionalidad como un ritmo simple –invierno, primavera, verano, otoño–, pero nuestro trabajo muestra que el calendario de la naturaleza es mucho más complejo", afirmó la experta cuando se divulgó el mapa más completo de la cronología estacional de los ecosistemas terrestres de la Tierra. Las estaciones marcan el ritmo de la vida. Los seres vivos ajustan el momento de sus actividades anuales para aprovechar los recursos y las condiciones que fluctúan a lo largo del año. La desincronización detectada desde el espacio pone en evidencia que ese calendario natural ya no es tan predecible como se creía. Ciclos de crecimiento estacional promedio de los ecosistemas terrestres de la Tierra, estimados a partir de 20 años de imágenes satelitales. Foto: Terasaki Hart

Ciclos de crecimiento estacional promedio de los ecosistemas terrestres de la Tierra, estimados a partir de 20 años de imágenes satelitales. Foto: Terasaki Hart

La desincronización de las estaciones

El estudio reveló múltiples focos de desincronización estacional, donde los ciclos naturales no mantienen el mismo ritmo ni siquiera en lugares cercanos. Un caso emblemático es el contraste entre Phoenix y Tucson, en Arizona, separadas por apenas 160 kilómetros: mientras Phoenix recibe precipitaciones en invierno y verano, Tucson depende casi exclusivamente de las lluvias monzónicas estivales. Este desajuste en los patrones de lluvia y crecimiento vegetal genera diferencias ecológicas notables, alterando la sincronización de los ciclos biológicos de las especies. Las zonas afectadas no se limitan a montañas tropicales: también abarcan regiones con climas mediterráneos como California, Chile, Sudáfrica y Australia. Allí, los ciclos de crecimiento de las plantas y las lluvias varían sin seguir un patrón claro, creando puntos calientes de asincronía estacional donde la actividad biológica cambia drásticamente en distancias cortas. Estos hallazgos, basados en 20 años de imágenes satelitales, muestran cómo la desincronización impacta ecosistemas enteros.

Puntos calientes de asincronía estacional: los colores más brillantes muestran regiones donde la sincronización de la actividad estacional varía considerablemente en distancias cortas. Foto: Terasaki Hart

Puntos calientes de asincronía estacional: los colores más brillantes muestran regiones donde la sincronización de la actividad estacional varía considerablemente en distancias cortas. Foto: Terasaki Hart

El equipo desarrolló un mapa que detalla con precisión los patrones de crecimiento de las plantas a nivel global. A través de imágenes satelitales, identificaron las zonas donde los ciclos estacionales resultan más complejos y desincronizados. En las regiones mediterráneas, por ejemplo, árboles y plantas presentan un crecimiento que se extiende mucho más allá de la primavera, generando un patrón de doble pico previamente documentado en California. Este patrón resultó inesperado en climas mediterráneos, ya que no solo altera el tiempo de crecimiento respecto a otras regiones, sino que también revela diferencias notables entre ecosistemas vecinos. Según Terasaki, “los climas mediterráneos y sus tierras secas vecinas son focos de actividad estacional desincronizada. En otras palabras, son regiones en las que los ciclos estacionales de lugares cercanos pueden tener un calendario radicalmente distinto”. El hallazgo podría transformar la manera en que los científicos estudian la fenología —el análisis de los ciclos estacionales en los seres vivos— al ofrecer una perspectiva más detallada y compleja. La investigación muestra que la desincronización estacional es un fenómeno más extendido de lo que se creía, lo que obliga a replantear modelos previos sobre el comportamiento de la vegetación en distintas latitudes.

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