Para registrar las señales, Adamatzky recolectó cojines de Brachythecium rutabulum en entornos naturales de North Somerset, Reino Unido. Luego trasladó las muestras al laboratorio e introdujo electrodos en los grupos de musgo para captar cualquier actividad eléctrica que atravesara la colonia. Como el crecimiento y los procesos biológicos del musgo ocurren lentamente, las mediciones se realizaron durante varios días.
Los registros revelaron una gran variedad de señales. "Las plantas y los briófitos muestran diversas formas de actividad eléctrica; sin embargo, la organización de las señales endógenas en los musgos ha recibido poca atención", escribió Adamatzky en su investigación. Según el científico, se detectó "un amplio repertorio de eventos eléctricos, incluidos componentes compatibles tanto con la actividad fisiológica como con procesos más lentos relacionados con variaciones de fondo: picos oscilatorios rápidos, fluctuaciones rítmicas más lentas y ondas de despolarización muy lentas".
Además, explicó que "además de estas clases descritas, también observamos picos que se asemejan a potenciales de acción de gran amplitud y trenes de impulsos similares a los de las neuronas". El investigador concluyó que "los cojines de musgo se comportan como sistemas excitables distribuidos espacialmente, con la capacidad potencial de coordinar e integrar señales eléctricas tanto en el espacio como en el tiempo".
El estudio admite, no obstante, que sus conclusiones enfrentan limitaciones. No se realizaron pruebas de control con un material inerte que permitieran descartar por completo que parte de las señales proviniera de los instrumentos de medición. Además, las muestras se recolectaron directamente de la naturaleza, por lo que factores como distintos niveles de humedad o posibles contaminantes pudieron haber influido en los resultados. Pese a ello, el investigador sostiene que todavía se requieren estudios más detallados antes de confirmar si estos organismos podrían emplearse como redes vivas de sensores o plataformas para nuevas formas de biocomputación. Las mediciones mostraron que algunas ondas eléctricas recorrían rápidamente todo el cojín de musgo, mientras que otras avanzaban de forma mucho más lenta. En lugar de permanecer aisladas en una zona, las señales tendían a propagarse por toda la colonia, lo que llevó al científico a considerar que el musgo funciona como un sistema dinámico e interconectado, no como un conjunto de células independientes. Aun así, considera que "esta organización en múltiples niveles respalda la idea emergente de que el musgo podría servir como un sustrato vivo, evolucionado de forma natural y energéticamente eficiente, para sistemas biohíbridos de detección y formas no convencionales de computación".
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