Antes de decidir retirar el 95.5% de los fondos de la AFP de forma íntegra —en lugar de optar por una pensión vitalicia o un retiro programado—, las personas deben reflexionar con cuidado sobre el uso que le darán a ese dinero. En juego está la posibilidad de solventar la vejez, algo que será imposible si se pierde todo el capital.
Con esos fondos, muchos jubilados optan por abrir un negocio propio, una decisión que de por sí conlleva un alto riesgo de fracaso. Sin embargo, algunos emprendimientos son más temerarios que otros. Yang Chang, docente de la Universidad de Piura, advierte que, en general y más aún en una edad avanzada, no se recomienda invertir en un negocio que no se conoce ni en uno que requiera una gran inversión inicial o de capex (mantenimiento o adquisición de activo fijo).
El especialista enumera cuatro casos particulares. El primero son las peluquerías: destinar un gran capital para instalar un local de alta gama y muy sofisticado implica una fuerte inversión inicial que puede perderse. En segundo lugar, las bodegas son un emprendimiento que puede no prosperar por diversos motivos, y hoy existe un factor de riesgo adicional: la extorsión, que se extiende aceleradamente en el país sin que las autoridades logren detenerla. Uno de sus blancos son las bodegas y las mypes en general.
En tercer lugar, los restaurantes: si la persona invierte en un gran local y este no funciona, puede perder una gran cantidad de dinero. Chang sugiere apostar mejor por un pequeño puesto de alimentos, que no demanda mucha inversión inicial. Finalmente, la ferretería es, según el docente, uno de los negocios más riesgosos. “Si compras un montón de fierro y no logras venderlo, te quedas con ese stock y perdiste la plata”, expresó.
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