Con un país sumido en la criminalidad y un fenómeno El Niño que amenaza con golpear con fuerza, la presidenta electa Keiko Fujimori se prepara para asumir el mando tras tres derrotas electorales. En medio de esos desafíos, el expulsado fiscal provincial José Domingo Pérez intenta llamar la atención al afirmar que su vida correrá peligro en el nuevo gobierno. Una declaración que, según se imagina, solo provoca risa en la mandataria, acostumbrada a ver a este personaje hacer el ridículo cada vez que tiene un micrófono por delante.
Pérez, que en su momento fue endiosado, idolatrado y elevado casi a la condición de paladín de la justicia y la lucha contra la corrupción, ha terminado convertido en un meme al que no se le debe hacer mayor caso. Especialmente de parte de quienes van a ejercer el poder en el Perú, que no deberían dedicar tiempo ni energía a su histrionismo. El país los necesita para enfrentar los grandes retos, no para ocuparse de un exfiscal que busca victimizarse.
Lo que sí es serio y no provoca risa, a diferencia del figuretismo de Pérez, es que este caballero haya sido, hasta antes de ser expulsado por la puerta falsa del Ministerio Público, un magistrado en ejercicio con plenos poderes para decidir sobre el patrimonio, la libertad, la tranquilidad y la vida personal y familiar de ciudadanos peruanos. Muchos de ellos fueron acosados por este operador político de la izquierda más radical y antidemocrática.
La permanencia de Domingo Pérez como fiscal durante tantos años evidencia la decadencia de un Ministerio Público que necesita una reforma integral, empezando por la Junta de Fiscales Supremos. Resulta increíble que, en todo ese tiempo, nadie en la institución haya reaccionado ante su ineptitud y parcialización. A las pocas semanas de ser destituido, el exmagistrado se convirtió en abogado del golpista Pedro Castillo, a quien califica como “preso político”, y posteriormente en operador de la candidatura del comunista Roberto Sánchez. En el nuevo gobierno, sería un error buscar revancha contra Pérez por la evidente persecución política que ejerció contra la hoy mandataria electa. Lo mejor sería dejarlo ahí nomás, sin tomarlo muy en serio, para que solito vaya desapareciendo en medio del gran desprestigio que se ha ganado incluso en un sector de la izquierda. Allí lo consideran responsable de la derrota de Sánchez, debido a su alucinada amenaza de juicio a Jorge Nieto por decir la verdad: que en Perú Libre hay gente cercana a bandas terroristas.
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