El fundador del Cártel de Sinaloa, Ismael ‘El Mayo’ Zambada, fue condenado el pasado lunes a cadena perpetua por un juez federal de Brooklyn, Estados Unidos. La sentencia, informada por agencias internacionales, marca el fin de una carrera criminal que comenzó junto a Joaquín Guzmán Loera, ‘El Chapo’, con quien construyó una sofisticada red de tráfico de cocaína, heroína y otras drogas ilegales hacia territorio estadounidense, utilizando asesinatos y corrupción de políticos para proteger y expandir su negocio.

Desde su detención, ocurrida sin un solo disparo en el aeropuerto de Santa Teresa —un pequeño pueblo de poco más de seis mil habitantes en la frontera entre Estados Unidos y México—, se especuló que el propio hijo de ‘El Chapo’ habría entregado a su padrino a los agentes antinarcóticos. El abogado de Zambada aseguró en su momento que su cliente fue secuestrado por su ahijado, atado de pies y manos y sometido a los militares. Este golpe al corazón del Cártel de Sinaloa se produjo mientras ‘El Chapo’ Guzmán purga condena en una prisión en solitario, con media hora de patio y una visita al mes.

Ismael “El Mayo” Zambada se muestra arrepentido y aceptó que por sus delitos debe cumplir cadena perpetua.

Hoy, el caso de Zambada refleja una alegoría al delito que se repite en series de televisión populares, donde narcotraficantes como Pablo Escobar o ‘La reina del sur’ son retratados como personajes carismáticos e inteligentes, al punto de ser admirados por muchos. Sin embargo, la condena a cadena perpetua deja claro que los sanguinarios cabecillas del narcotráfico deben morir en prisión.

Durante el juicio a ‘El Chapo’, la opinión pública y el jurado de Nueva York conocieron la faceta más siniestra del narcotráfico. Joaquín Guzmán ofreció un millón de dólares para que asesinaran a la modelo colombiana Andrea Vélez Fernández, quien fue reclutada como testigo protegido por el FBI. La caleña, secretaria personal del narco ‘colocho’ Alex Cifuentes, confesó que Guzmán la quería muerta porque le encargó ofrecerle diez millones de dólares a un general mexicano para que dejara de perseguirlo. Como el militar no aceptó, el sinaloense pensó que Andrea lo había traicionado y pidió a los ‘Hell Angels’ (Los Ángeles del Infierno), una pandilla de motociclistas, que la asesinaran. Andrea Fernández Vélez, fue una narcotraficante colombiana asistente de Alex Cifuentes, quien también trabajó para "El Chapo" Guzmán. (Foto: AFP) En el juicio, Vélez Fernández reconoció que, a pedido del sinaloense, instaló una agencia de modelos en México que solo era una fachada. Servía para conseguirle las más hermosas mujeres a Joaquín, quien —según la testigo— se obsesionaba con algunas, les interceptaba sus teléfonos y si eran ‘infieles’ terminaban en una tumba o eran violentadas o desfiguradas. La otra ‘misión’ de Vélez era encargarse de que sus ‘modelos’ les ofrecieran favores sexuales a políticos y altas autoridades militares y policiales corruptas de México, por orden de Guzmán, para mantenerlos ‘felices’ de integrar sus ‘planillas’. La modelo pidió perdón al juez por haber trabajado para el narcotráfico. “También le pido perdón a usted, señor Guzmán. Soy la voz de muchas víctimas de esta guerra, pude sobrevivir, pero otras perdieron la vida”, sostuvo entre sollozos, mientras el condenado la miraba impávidamente. Durante su intervención, ‘El Chapo’ calificó su encarcelamiento como “una tortura física y psicológica” las veinticuatro horas del día y denunció que se cometió una “injusticia” con él. La Corte de Nueva York ordenó que se le incauten propiedades y cuentas por un valor de doce mil setecientos millones de dólares, monto que deberá pagar como reparación civil. Sin embargo, la verdadera naturaleza del capo quedó al descubierto gracias al testimonio de Isaías Vélez Ríos, uno de sus sicarios más sanguinarios. Su relato estremeció a los miembros del jurado al revelar cómo Guzmán asesinó a dos integrantes de la organización rival ‘Los Zetas’. A otra víctima le disparó, pero no lo mató: lo hizo enterrar vivo. Esas historias escalofriantes convencieron al jurado de que aquel hombre bajito de bigotitos, que aparentaba ser inofensivo, era en realidad un ser cruel y sanguinario. De la misma manera terminará ‘El Mayo’ Zambada, según el autor, que concluye: “Apago el televisor”.

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