El disco representa diversos elementos visibles en el cielo nocturno y plantea interrogantes. Foto: J. Lipták, Nature
El Disco Celeste de Nebra, creado con notable técnica y precisión, ha sido sometido a exhaustivas pruebas científicas que incluyen análisis espectroscópicos para examinar sus capas, según detalla un estudio difundido por Curiosmos. Aunque estos estudios aportan información valiosa sobre su composición, aún no han permitido determinar con absoluta certeza la edad exacta del objeto, por lo que el debate sobre su origen continúa abierto.
En la superficie del disco destacan varias formas distintivas. Un gran círculo dorado cerca del centro probablemente representa el sol, mientras que una forma de media luna parece simbolizar la luna. Pequeños puntos dorados dispersos se asemejan a estrellas, y la teoría más aceptada es que su disposición corresponde al cúmulo de las Pléyades, un conocido grupo estelar observable en la constelación de Tauro. La presencia de este cúmulo ha fascinado tanto a astrónomos como a arqueólogos, pues sugiere que las sociedades antiguas poseían un conocimiento sofisticado del cielo nocturno.
Sin embargo, las figuras doradas más desconcertantes son otras. Algunos investigadores creen que podrían representar puntos cardinales o marcadores astronómicos. Una banda curva en la parte inferior del disco se ha interpretado a veces como una barca celestial que simbolizaría el viaje del sol a través del cielo. Otro arco en el lado derecho aún no se ha identificado definitivamente. A pesar de estas interpretaciones, sigue siendo difícil afirmar con certeza que el disco funcionara como mapa astronómico durante la Edad de Bronce. Especialistas consideran que, en cambio, pudo haber tenido una función ritual o religiosa; otros sugieren un significado artístico o simbólico, más que una utilidad práctica.
La excepcional maestría artesanal del disco es el punto en el que todos los expertos coinciden. Un estudio metalúrgico publicado en la revista Nature detalló la complejidad de su fabricación: el objeto habría sido calentado y remodelado aproximadamente diez veces a temperaturas cercanas a los 700 grados Celsius, un proceso repetido de calentamiento y martilleo que exigió gran habilidad y conocimientos técnicos. Para comprender estas técnicas, el Museo Estatal de Prehistoria de Sajonia-Anhalt encargó al metalúrgico Herbert Bauer la recreación de una réplica. Con ayuda de arqueólogos, Bauer intentó reproducir el disco empleando métodos históricamente plausibles y diversas herramientas. El experimento evidenció la extraordinaria dificultad de producir una pieza así con tecnología antigua; incluso hoy, recrearla no es tarea sencilla. El esfuerzo desplegado subraya la sofisticación de los artesanos que crearon este disco hace más de tres milenios.
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