Un nuevo estudio liderado por la Universidad de Durham, en el Reino Unido, sugiere que el contacto físico —como abrazarse, tocarse o besarse— cumple un rol más relevante de lo que se creía en la evolución de la convivencia social. La investigación, publicada en la revista Biological Sciences, analizó el comportamiento de bonobos y chimpancés, los parientes vivos más cercanos del ser humano, y encontró que estas muestras de cercanía ayudan a reducir la tensión antes de situaciones potencialmente conflictivas.
Para comprobar cómo influye el tacto en las relaciones sociales, un equipo del Departamento de Psicología de la Universidad de Durham grabó durante cinco minutos a 116 individuos de cinco grupos seminaturales de bonobos y chimpancés justo antes de liberar comida en un espacio compartido. El escenario fue diseñado para recrear la tensión que surge cuando varios animales compiten por un mismo recurso, similar a lo que ocurre en la naturaleza al encontrar árboles cargados de frutos.
Los resultados muestran que los gestos de contacto físico antes de competir favorecieron una convivencia más pacífica. Según el equipo investigador, este comportamiento podría tener un origen evolutivo compartido con los humanos, que se remonta a hace al menos seis millones de años, cuando ambas especies compartían un ancestro común. El hallazgo sugiere que el tacto entre individuos puede ser una herramienta evolutiva importante para gestionar la tensión social.
Los resultados del estudio fueron claros: tanto en bonobos como en chimpancés, los individuos que intercambiaron más gestos de contacto tranquilizador antes de la alimentación compartieron durante más tiempo el espacio para comer, lo que los investigadores interpretan como una señal de mayor tolerancia y cooperación. El equipo registró cuidadosamente quién tocaba a quién, qué tipo de contacto establecía y cuánto tiempo permanecían después alimentándose juntos, además de documentar cualquier episodio de agresividad antes, durante y después de la comida.
Este efecto fue especialmente evidente entre las hembras de bonobo, cuyas alianzas desempeñan un papel central dentro de su organización social. En los chimpancés, en cambio, el vínculo fue más fuerte entre los machos, reflejando la importancia de las relaciones masculinas en esta especie. Los científicos también observaron que estos beneficios aparecían con mayor claridad en los grupos considerados socialmente más tolerantes, lo que sugiere que estos gestos ayudan a mantener relaciones estables y un ambiente de mayor armonía.
Además de los abrazos y otras formas de contacto, los investigadores detectaron un comportamiento especialmente llamativo entre algunos chimpancés, sobre todo machos: introducir los dedos o incluso la mano dentro de la boca de otro individuo. Lejos de interpretarlo como una amenaza, el equipo considera que este tipo de interacción representa una poderosa señal de confianza. Al exponerse voluntariamente a una situación de vulnerabilidad, los animales demuestran que esperan no sufrir ningún daño por parte de su compañero.
“Comparar a los bonobos y los chimpancés —nuestros dos parientes vivos más cercanos— ofrece una visión fascinante sobre las raíces evolutivas del comportamiento social y sobre cómo ellos, y también nosotros, gestionamos la tensión, la competencia y la cooperación”, explicó Jake Brooker, investigador principal. Añadió que “el contacto social es una poderosa herramienta de comunicación, presente mucho antes del lenguaje y probablemente uno de los primeros canales mediante los cuales se formaron los vínculos sociales. Su uso en estos contextos parece ser algo que compartimos con nuestros parientes más cercanos”. Brooker también destacó que “los contactos más arriesgados entre la boca y el cuerpo observados en los chimpancés, como introducir los dedos o las manos en la boca de otro individuo, fueron especialmente sorprendentes”. Durante el estudio se analizaron 60 sesiones de alimentación que sumaron más de 10 horas de observación. Las investigaciones se realizaron en el santuario Lola ya Bonobo, en la República Democrática del Congo, y en el Chimfunshi Wildlife Orphanage Trust, en Zambia. “Nuestro estudio pone de relieve el antiguo y profundo papel que desempeña el contacto físico en la regulación de nuestras relaciones sociales, especialmente durante momentos de tensión cuando las emociones son más intensas”, señaló la profesora Zanna Clay, autora principal del estudio. Los investigadores destacan que muchas de las conductas observadas en bonobos y chimpancés son muy similares a las que los humanos aún emplean para tranquilizar, consolar o fortalecer sus relaciones. “Aunque gran parte de la atención se ha centrado en el papel de la agresión y la competencia en la evolución humana, nuestro estudio demuestra que nuestro linaje también desarrolló un amplio y flexible conjunto de comportamientos para gestionar la tensión social, proteger las relaciones y promover la armonía dentro del grupo”, agregó. Ahora el equipo espera comprobar si este contacto físico reduce las hormonas relacionadas con el estrés y si ayuda a disminuir los conflictos en otras situaciones de competencia social.
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