El Café con la Chevez celebra tres años al aire con una invitada de lujo: Gisela Valcárcel, quien acaba de lanzar su libro ‘El poder de ser tú’ y se sentó a conversar en el espacio de redes sociales de Trome. La popular Señito no solo adelantó pasajes de su nueva publicación, sino que se abrió sobre la relación distante con sus padres, el dolor que le dejó la separación de Roberto Martínez y la reciente polémica entre su hija Ethel Pozo, Janet Barboza y Edson Dávila, actuales conductores de América Hoy.
“Es una entrega que hago desde las experiencias que viví y tuve ganas de compartir. Nunca pensé que le debía esta parte al público... Es un libro que habla de la independencia, de libertad, es una entrega en la cual cuento algunos pasajes de mi vida en los que me siento identificada con muchísimas personas y muchas de las cosas que se cuentan en redes. Es decir, no siempre nos hemos sentido orgullosas de nuestro apellido, de nuestro color, del lugar donde nacimos, de nuestros padres. Este es un libro que habla también de eso, porque yo también lo he sentido así”, explicó Gisela sobre lo que la impulsó a escribir.
Uno de los temas más profundos que abordó fue la ausencia de afecto en su hogar. “En realidad aprender a decir te amo. En mi casa nunca se escuchó. No sé, creo que es una historia común para los de mi generación. Aunque ahora algunos también hagan eso, es terrible. No es lo que se aconseja”, confesó. La conductora recordó que su madre, criada en el puericultorio Pérez Araníbar y que recién conoció a su mamá a los 13 años, tampoco supo expresar el amor con abrazos. “Yo fui educada en un hogar que mi madre quiso mucho, me quiere mucho y yo la amo, pero no expresaba su amor con abrazos. No nos sentaba a la mesa a preguntarnos cómo estábamos. En mi casa nunca escuché que mi papá me diga ‘te amo Gisela’ y nunca le dije ‘te amo papá’. El amor era como que no se expresaba. El amor se veía en mi mamá, que a través de su sacrificio y de todo lo que nos dio, nos amó. Dejó clara su preocupación. Papá no dejó claras muchas cosas ni dejó en mí, no porque él quisiera, yo lo asumí. Puso en mi vida como vacíos que quedaron”, relató.
Esa carencia afectiva marcó su personalidad pública. “Entonces cuando ustedes me conocen, muchas veces han dicho ah sí, Gisela es disforzada, le encanta el aplauso. Sí, me gustaba mucho, porque el público de ese modo me abrazaba. Yo sentía que estaba allí con ellos, en un lugar bien, en un lugar que me hacía sentir estupenda…”, agregó.
El reencuentro con su padre, Jorge Valcárcel, fue un momento que aún recuerda con dolor. “Mi papá no tenía en ese momento una vida paralela y en otro hogar. Él había sido divorciado de su primera esposa, pero cuando yo lo conozco, y durante 5 años y medio yo no lo había visto, en mi mente no estaba que él existiera ni era un papá que se había ido a trabajar a la China y yo esperaba, no. No existió”, aseguró. Aunque alguna vez le mostraron una foto tipo pasaporte de él, Gisela creció sin saber que su padre estaba vivo. “Un día apareció y nunca más se fue. Es un día que recuerdo con dolor, que recuerdo cómo se atravesó así. Como en un instante una niña voltea y dice que sucede, ¿por qué tú vas a ser mi papá, dónde estabas cuando los niños hace una semana me pegaron?”, recordó.
La conductora también vinculó esa experiencia con la historia de su madre, quien a los 13 años conoció a su propia madre de forma abrupta. “A mi mamá se le aparece a los 13 años y ella lo recuerda también como un hecho tremendo en su vida, nada simpático…”, contó. Luego, su madre fue llevada a Arequipa, donde conoció a su primer esposo, también llamado Jorge. “Jorge como mi papá. Él, Jorge Rojas, el papá de mis hermanas, que no lo recuerdo, nunca lo vi, pero tengo de él el mejor de los conceptos, y mi padre Jorge Valcárcel…”, dijo sobre la coincidencia. “Qué coincidencias y mi mamá de un día a otro, en un puericultorio donde había tenido comida, donde había aprendido a hacer su cama, donde tenía sus sabanitas, las cosas de una niña, es llevada a un lugar que no conoce, Arequipa, con gente que nunca ha visto en su vida. Qué duro debe haber sido yo creo que teniendo los 13 años 14, 15, ella intenta huir y lo primero que ve en el campo es a un hombre llamado Jorge. Él se enamora de ella y ella se agarra de él, de este ser que podía salvarla…”, reflexionó.
Además de su historia familiar, Gisela Valcárcel se refirió al doloroso pasaje que vivió al separarse de Roberto Martínez, quien inmediatamente después de su ruptura empezó una relación con Viviana Rivasplata. Como no podía faltar, también fue consultada por la reciente polémica entre su hija, Ethel Pozo, y Janet Barboza y Edson Dávila. “Póngase cómodo que el café está servido y listo para celebrar nuestro aniversario número 3”, cerró la conductora.
Esa infidelidad de Roberto Martínez fue el punto de quiebre. “Yo en su momento por ejemplo le dije un día a Roberto, cuando nos separamos, quédate a 7 km míos, no te acerques, no quiero ver lo peor de mí si te vuelvo a ver. Fue exactamente eso. Pero sí delimitamos tú anda por un lado, yo por otro, porque yo no sabía lo que podía pasar conmigo si yo lo veía”, recuerda Gisela. No era feliz en ese tiempo. “Él era una persona alegre, bien en todo por momentos, pero luego tenía esos silencios de papá y esos fueron los que me llevaron hacia él”, confiesa. Cuando ya vivías con esos silencios, sabías que querías escapar de ellos. “Yo quería más de Roberto y él es en su intimidad a la persona que yo conocí en ese tiempo pues, una persona que se quedaba en silencios y esos silencios, sin yo darme cuenta, generaban atractivo en mí. Pero también generaban dudas, temores y nostalgia. Entonces hoy comprendo, hoy soy capaz de compartir con ustedes que lo que yo viví en ese momento, a su lado, era papá igual. Pero eso no lo tienes claro, es tu inconsciente, era el subconsciente. Algo decía que esto no estaba bien, hasta que pasa el que Roberto encuentra a una chica y bueno la presenta. Entonces a mí como a millones de mujeres no solamente nos duele el haber visto como se desvanece un hogar…”, relata.
Esa conexión con la figura paterna la marcó desde niña. Su padre llegó cuando ella tenía 5 años, después de que su mamá perdiera a su primer esposo y a un hijo también llamado Jorge. “Sí y mi mamá en ese momento, cuando papá está ahí, mamá no es que cambia, ella siempre nos protegió, pero empieza a preocuparse por alguien más que para mí era nuevo. Los niños sienten y los hermanos experimentan diversas emociones, para mí fue nos invades y te robas a mi mamá. Mi mamá ahora se fija en ti y para esa niña era además ya no podemos prender la radio, ya no hay música, porque a ti no te gusta el ruido y me traes a alguien más, cuyo nombre es Rosa, me traes a alguien que ha estudiado en un colegio particular, mientras yo estoy estudiando en un colegio estatal…”, cuenta Gisela. Rosa es la hermana por parte de papá, la última de tres hermanos. “Y coincidentemente es la hermana a la que yo no conocí, que conocí después muy adulta. Tiene el mismo nombre de mi hermana Rosa Luz que es mi par. Hoy ambas tienen un lugar en mi corazón y en mi vida…”, añade.
La distancia con su padre comenzó incluso antes de nacer. “Yo nací el 26 de enero, pero la primera hija de mi papá había nacido el 24 y cuando empiezan estos dolores en la noche del 24 mi papá lo único que hace es decirle, Teresa no sé qué haces, pero no puede nacer hoy. Y esto lo he contado como una anécdota y todos se reían, porque decían caray, qué hiciste Teresa. Yo escuchaba en las reuniones en mi casa y qué hiciste ahí, aguantaba y rogar que no salga, para que la otra hermana no se sienta mal. Era yo y lo escuchaba de chiquita y dentro guardaba qué tal raza, hasta tuve que esperar para nacer”, relata. Esa historia alimentó su imaginación. “Entonces en mi mente se fabricó imágenes que no eran reales, pero empezó a fabricar fantasmas que podían más que yo, que me decían más que yo. Empezó la mente a hacer su trabajo”, dice. “Como a millones de niños y niñas y que yo he querido compartir esta serie de pasajes de mi vida, narrativas, que se llaman ‘El poder de ser tú’, porque uno puede encontrar su camino, uno puede encontrar sus fuerzas y saber de dónde viene. Uno puede hacerlo, pero toma tiempo…”, agrega.
Perdonar a su padre le tomó décadas. “40 y pico y sí, yo tenía 5 años. Ahí empieza todo. Entonces ya unos 35 años que siempre me preguntan qué tuve vacíos. Mucho de mi temperamento tiene que ver con algunos instantes como los que yo desde niña fui gestando, hasta que encuentro el perdón, hasta que encuentro que el camino es ese, el perdón”, explica. “El perdón no nos hace santos, el perdón nos cura, nos sana. ¿Y de qué se trata? De entender lo que ha pasado. Cuando empiezo a entender que papá no me podía dar abrazos, porque nunca se los habían dado, porque él también perdió un papá, su padre, mi abuelo, a los 8 años. A él le cambió la vida y de un día a otro mi abuela decide internar a sus tres hijos, inscribirlos en un internado y se va con su hija mujer y los deja”, revela. “Un hombre al cual avientas y que no pudo superar, él sí no pudo superar, a él le cortan todo, llega a ser un eminente abogado, que tiene a su cargo la ley para el obrero, era un hombre preocupado por lo que sucedía en la sociedad”, describe.
Esa comprensión la llevó a escribir su libro. “Sí, todo lo que está ahí lo he hecho…”, responde cuando le preguntan si puso en texto lo vivido con quienes la dañaron. El salvavidas de esa niña, de esa adolescente que quería salir adelante en La Victoria, fue su mamá. “Claro, el salvavidas de esa niña, de esa adolescente que quería salir y se asientan en La Victoria y que querían salir adelante, con las cosas que siempre pasan, ¿no? Y otro hecho que marca también la vida de tu mamá y que refleja mucho la vida de ustedes, las mujeres de tu hogar, es que pierde a su esposo, pierde al hijo que también se llama Jorge, y luego llega tu papá después de 5 años. Hay que estar en esos zapatos para sentir el dolor que en el corazón y que por eso después se ve reflejado en muchas acciones que tú has vivido…”, reflexiona.
En ese momento yo era tan débil que un solo hombre me volvió a la nada y ahí tuve que regresar a construirme. Tu castillo se derrumba con todas tus ilusiones, todo. Tú vives ahí con una familia, sino también es dónde quedaron las cosas que íbamos a hacer, dónde quedaron las flores que me mandaste hace 15 días, porque es tu esposo y está contigo, hasta el día anterior ha dormido contigo esa persona. Hasta que tú descubres. Algunas personas deciden continuar, otras como yo deciden no hacerlo.
Cuando Roberto Martínez se va, el día que yo le digo okay, retiremos todas las cosas y que él lo ha contado además en tono de broma, y además fue así, habían bolsas de basura negras y le dije saca todas tus cosas ahora. No se las iba a llevar en buenas bolsas, algo malo le tenía que hacer. Yo estaba muriéndome ahí y estaba estoica frente a él para que no viera mis lágrimas. Y le dije saca las cosas ahora y llévalas en estas bolsas y le traje bolsas de basura y recuerdo a Roberto, porque él sabe lo que hace, él me miró y rapidito él, no sé qué cosa esperaba él, de qué podía tener miedo. Pero es tu conciencia, yo que podía hacerle en ese momento. Entonces me acuerdo que arregló rápido y yo todavía le tuve que señalar, esas medias también sácalas y se fue y le dije que lo demás por favor lo arreglara mi hermana, Rosa Luz, y su papá Enrique y le dije ya nunca más nos veremos. Cuando él bajó recuerdo haber cerrado la puerta y haber dicho, vivíamos en un lugar desde el que se veía Lima e hice la gran pregunta de mi vida, sin saber qué hacer, dónde empezar. Mire desde mi ventana y desde mi ventana se veía la cruz del Cerro San Cristóbal y me dije algo, que además Él supo responder, si existes dónde estás, si Tú existes dónde estás y es increíble, porque hasta hoy me sigue diciendo lo mismo, aquí. Entonces si alguien dice Gisela lloró, cualquiera que sea tocado en la forma que estoy siendo tocada ahorita, va a derramar lágrimas. Es lo más grande que a un ser humano le puede ocurrir en ese momento. Seguí llorando por mucho tiempo y lloré hasta terminar el ciclo de ‘Aló Gisela’.
Yo había pasado mucho, en el Perú se me reconocía con algo que a veces lo decían con buena onda y a veces con muy mala onda. Era la Reina del mediodía y en mis huídas la gente inventó que yo me creía no sé qué cosa. Y es que a veces no he podido hablar de todo, cuando eres muy conocido tienes que cuidar lo que dices y en ese momento lo que yo estaba haciendo es buscar que alguien me responda, porque me había pasado eso, porque si no me había querido casar nunca, porque yo me caso a los 31 años. No me había querido casar antes.
Mi mamá le dijo a él y a su mamá y también lo dijo en pantalla. Lo dijo, pero lo dijo bien. Mi mamá quiso mucho a Roberto y Roberto a mi mamá, pero mi mamá le dijo a Roberto, es que no eres para mi hija y no van a ser. Y mira tú, pero se quisieron, siempre tuvieron una muy buena relación. Entonces cuando mi mamá un día llega con este paquete envuelto, trajo a nuestra casa en La Victoria, una casa pequeña, dos cuadros: Uno con la foto de su primer esposo y otro con la foto de mi papá. Sus dos Jorges y mi papá impávido, miraba.
GISELA Y SU VIAJE A LA INDIA
En la India, sin nadie, sí y cuando regreso de la India también se burlan de mí. Entonces era ni una ni otra. Me empezaron a decir que yo seguía a un santo. Fui a la India como pude haberme ido a Australia. Lo único que quería era un lugar en el que yo pudiera encontrar paz. Yo estaba muy inquieta, estaba muy triste, me sentía muy sola. Escuché que en la India se podía encontrar paz, pero no escuché que era en Deli específicamente. Yo me fui a Puttaparthi, un lugar en la India.
Sí me voy hasta la India y me voy con mi hija, porque las dos estábamos mal y ustedes nos seguían a nosotras. Entonces de algún modo querían que Ethel declare algo, que yo declaré algo y no podíamos decir estamos mal en esa época, porque igual en esa época no servía de nada. Lo que la gente quiere saber es que huyes, de que no puedes hablar y después especular. Esa es un poco nuestra mente, así es, así funciona.
Lo que ocurre conmigo es realmente una experiencia espiritual, porque lo que ocurre es que yo estoy sentada, mi hija está cerca, nadie me toca, no había nadie, no había nada. Solamente estábamos esperando que empiece una jornada y lo único que se sentía era el ruido de pájaros. En ese momento cerré los ojos, como quien quiere sentir la naturaleza. Eran las 5:30 de la mañana o algo así, un poquito más. Cerré los ojos y sentí que algo empieza a pasar, algo hermoso, empiezo a sentir y no puedo abrirlos. En el libro digo no quiero, no sé, simplemente sé que en ese momento se me cambiaba la vida y que se me estaba dando nueva vida.
Allí es, en la India, donde tú sientes la presencia de Dios. Sí, porque te vas hasta la India y te vas con tu hija.
GISELA ELIMINÓ FOTOS DE SUS EXS
En realidad no tengo ninguna, pero es que en mi caso sí hice mal. Si tienen alguna me la venden. Hice mal, porque sí de verdad, muy rápida. Roberto si tienes una me la pasas. Tampoco creo que haya guardado. Hay gente que fue a nuestro matrimonio y puede tener.
“La verdad es que nunca estuve muy cerca, por lo tanto no puedo marcar distancia. Si de esto quieren hacer un clip, bueno vayan y háganlo, pero yo he tenido una relación de trabajo”, responde Gisela Valcárcel cuando le preguntan si le duele que Janet Barboza haya expuesto conversaciones con su hija Ethel. La conductora aclara que nunca hubo un vínculo cercano, sino laboral. “Yo confío en el talento de las personas que nosotros llamábamos para hacer realidad un programa. Yo confío en ese talento, cómo son las personas yo no puedo ponerles un adjetivo, no lo haría, no lo he hecho antes con personas que han estado muy cercanas en mi vida, no lo haré ahora, pero sí sé que cada quien tiene que de algún modo evaluar lo que hace”. Además, reflexiona sobre las manipulaciones: “era fácil meter un bicho, como a Ethel le van a dar la mejor parte, porque es la mejor amiga de Armando y es la hija de Gisela. Es muy fácil meter cizaña y cuando tú no estás seguro de quién eres esa cizaña puede crecer en ti y voltea todos los pasteles”. Asegura que lo que digan los demás no cambia sus sentimientos ni su opinión de las personas, y que prefiere guardarse lo que piensa: “Lo que tengo que decir en privado lo digo en privado, lo que tengo que decir en público también… Celebramos tres años con la Chevez”.
Sobre la relación de Ethel con Magaly Medina, Gisela dice que respeta las decisiones de su hija, aunque a veces la sorprendan. “Ella es un ser humano libre y creo que en eso. Enfaticé la educación que le di, primero a mi casa no entró a la televisión. Es decir, Gisela con ser famosa en mi casa no se hablaba de eso. Hemos llevado una vida muy normal, común y silvestre cocinando, lavando, haciendo lo que hace todo el mundo”. Explica que así se educó Ethel y que luego entendieron que el perdón y la madurez los hacen mejores. “A veces me sorprende lo que hace Ethel. Ella me dijo a los 20 años, dentro de 2 años me voy a casar y ya esa primera sí me sorprendió, dije son cosas de chicos”. Cuando le mencionan que Ethel le dijo a Magaly que no deberían estar peleadas y que deberían sentarse a conversar, Gisela coincide: “Mira, es que cuando tú conversas con alguien encuentras más coincidencias. Yo creo en el diálogo. Yo no creo en el me voy y no quiero hablar nunca más y nunca más te veré, no. Es bueno saber qué te sucedió, qué pensabas. Entonces sí coincido con Ethel, quien sabe un día…”.
La figura de la televisión también se refiere a las críticas que recibe por su fe, a las que llaman “Farisela”. “No veo, pero sí lo veo a veces en TikTok, pero es parte. Yo no creo que ninguna persona creyente pudiera hablar o burlarse de otro que tiene fe. Pero estoy hablando del creyente, el que no claro que se va a burlar, porque no lo entiende. No está mal, no lo entiende”. Y agrega: “Muchos piensan que quiero hacerme la buena y no saben el principio, nunca leyeron el manual, nunca leyeron el testamento, nunca leyeron. Jesús vino acaso por los que estaban bien, vino por gente como yo que estaba mal, perdida, que no sabía a quién pedirle ayuda. Vino por gente que en su momento ni siquiera quiso pedir ayuda. Vino cuando alguien le dijo no sé qué hacer, ayúdame. Entonces desde ahí, que alguien se burle de mi confianza en Dios no me hace nada”.
En otro momento, la conductora revela que ahorra desde los 10 años, cuando abrió su primera cuenta en el banco latino en La Parada, y bromea: “¿De dónde crees que salen tantas sortijas?”. También habla de su aspecto físico y de cómo se sentía después de una infidelidad: “Lamentablemente…”. Y cuando le preguntan si va a seguir apostando por el amor, la respuesta queda en suspenso.
“Quizá algún día y eso no significa que a mí las personas que hablan y me conocen un poco más no me puedan criticar, ¿no? Es parte, si la crítica es parte de un programa, pues es parte, no sé doy cualquier ejemplo, es parte, y cuando sales debes saber que muchos van a opinar de esa entrevista, algunos se burlarán, algunos pifiarán. Otros aplaudirán y otros sentirán lo que quiero que sientan, que conectamos, que la vida es un poco más simple de lo que en nuestra mente ponen. Nunca imaginé tantas cosas en mi mente y tantas cosas han pasado en los pasajes que estoy contando, que muchos de ellos no me ayudaban a avanzar y hoy he podido llegar a este momento, a compartir, porque he tenido que procesar y porque no siempre quiero ser reconocida como la figura del escenario”, reflexiona Gisela sobre la posibilidad de una futura entrevista con Magaly, y deja abierta la puerta al diálogo.
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