En menos de 24 horas, una ola de violencia armada golpeó al transporte público en Lima y Callao con un saldo de al menos dos conductores asesinados, varios pasajeros heridos y un intento de asalto en Comas. La Policía investiga si estos cinco atentados, que incluyen dos homicidios, están vinculados a extorsiones contra empresas de transporte.

El ataque más reciente ocurrió la mañana del miércoles 22 de julio en el Callao. La víctima fue José Christian Manuel Robles Bernal, de 31 años, conductor de una combi que cubría la ruta Callao-Lima. Según los primeros reportes, el chofer fue interceptado por sujetos que se movilizaban en una motocicleta cuando se encontraba cerca del cruce de las avenidas Argentina y Santa Rosa, en el pasaje Villegas. Los atacantes se acercaron al vehículo y dispararon directamente contra él.

Robles Bernal quedó gravemente herido y fue trasladado de urgencia al Hospital Nacional Daniel Alcides Carrión, donde los médicos confirmaron su fallecimiento debido a la gravedad de las lesiones. La Policía Nacional acordonó la zona y comenzó la recolección de evidencias para identificar a los responsables y determinar el móvil del crimen.

Este homicidio se suma a otro registrado en las últimas horas en Lima, donde un segundo conductor también fue asesinado a balazos. En total, los ataques armados en distintos puntos de la capital dejaron varios heridos y pasajeros expuestos a balaceras mientras se desplazaban en sus unidades. Las autoridades no descartan que estos hechos respondan a una misma ola de extorsiones que afecta al sector.

La violencia contra el transporte público en Lima y Callao se recrudece. En 24 horas, al menos dos conductores fueron asesinados y varios pasajeros resultaron heridos en balaceras.

Ataques en distintos puntos de Lima

El asesinato del conductor en el Callao ocurrió tras una jornada signada por múltiples atentados contra unidades de transporte público en varios distritos de Lima. En Comas, un chofer de la empresa Santa Cruz, que opera la ruta Rímac-Carabayllo, logró salvar su vida al percatarse de que un supuesto pasajero intentaba subir con un arma de fuego. El incidente se registró en el cruce de las avenidas Los Incas y Retablo. Según el testimonio del conductor, el sujeto se hizo pasar por pasajero; al momento de abordar, el chofer notó que portaba un arma y aceleró para huir. El atacante efectuó al menos dos disparos contra el bus, cuyos proyectiles impactaron en la carrocería. Los pasajeros se lanzaron al suelo para protegerse, pero no se reportaron víctimas mortales ni heridos. La unidad fue trasladada posteriormente a la comisaría de Santa Luzmila, donde se iniciaron las diligencias. La principal hipótesis policial apunta a un posible ataque vinculado con extorsiones contra la empresa de transporte.

En Los Olivos, otra balacera dejó herida a una pasajera de 48 años. Cámaras de seguridad registraron el momento en que dos sujetos vestidos de negro siguieron a un bus en movimiento. Uno de ellos, que viajaba como copiloto en una motocicleta, sacó un arma y disparó contra el vehículo. El ataque ocurrió en el cruce de las avenidas Universitaria y Carlos Izaguirre. La víctima, identificada como Dilcia Marina Gupioc Chuquisuta, recibió un impacto de bala en el pómulo y fue trasladada de emergencia al Hospital Cayetano Heredia.

La violencia contra el transporte público se extendió también a los mototaxistas. William David Villanueva Rodríguez, de 19 años, fue asesinado la noche del martes 21 de julio dentro de su vehículo, estacionado en el jirón Octavio Espinoza, frente a la parroquia Nuestra Señora de Lourdes, en el sector de Santa Marina, Callao. Según la información policial, el joven habría sido atacado por un sujeto que viajaba como pasajero: el hombre sacó un arma de fuego y disparó varias veces contra el conductor antes de escapar. La víctima recibió al menos ocho impactos de bala. Fue trasladada al Hospital Nacional Daniel Alcides Carrión, donde los médicos confirmaron su fallecimiento.

Horas antes, otro ataque contra un trabajador del transporte había ocurrido en la avenida Solidaridad, cerca del sector Alfonso Ugarte, en San Juan de Miraflores. Un conductor de la empresa San Genaro S.A. fue baleado por dos sujetos que se movilizaban en una motocicleta mientras recogía pasajeros en un paradero. Tras recibir los disparos, el chofer logró avanzar algunas cuadras con la unidad. Luego fue auxiliado y trasladado al Hospital María Auxiliadora, donde permanecía con pronóstico reservado. La Policía investiga el caso como un posible atentado extorsivo. En octubre del año pasado, otro vehículo de la misma empresa ya había sido atacado, aunque en aquella ocasión el conductor logró salir ileso.

El primer ataque del día ocurrió frente a un paradero concurrido. Al escuchar los disparos, transeúntes y comerciantes huyeron para ponerse a salvo. El conductor del bus señaló que los vehículos que cubren la ruta entre la avenida Carlos Izaguirre y Oquendo, en el Callao, son víctimas de amenazas y cobros de cupos. Por ello, la Policía no descarta que el atentado esté relacionado con una red de extorsión que opera contra transportistas de la zona.

Los peritos de Criminalística hallaron al menos 11 casquillos de bala en la escena. El caso fue asignado al Departamento de Investigación Criminal (Depincri) del Callao. La violencia contra el transporte público no da tregua. Una unidad de Cruz del Norte fue atacada en la Panamericana Norte, en Puente Piedra, donde un proyectil rozó la cabeza del conductor. Horas después, un bus de Cruz del Sur fue baleado en Santa Anita, presuntamente tras dejarle un mensaje extorsivo; el chofer resultó herido por esquirlas y más de 30 pasajeros fueron evacuados. La sucesión de ataques evidencia el nivel de exposición diaria que enfrentan trabajadores del transporte público y pasajeros. En varios casos, los agresores usaron motocicletas para interceptar las unidades y disparar contra los conductores. Las amenazas y cobros de cupos aparecen como una de las principales hipótesis detrás de los atentados. Mientras las investigaciones continúan, la violencia vuelve a poner en el centro del debate la seguridad en el transporte público y la capacidad de las autoridades para proteger a conductores y pasajeros frente a las organizaciones criminales dedicadas a la extorsión.

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