La casa donde nació el dictador nazi Adolf Hitler (1889-1945), situada en Braunau am Inn, cerca de la frontera con Alemania, reabrió este miércoles convertida en una comisaría de policía. Con este nuevo uso, el Gobierno austríaco busca evitar que el edificio se convierta en un lugar de peregrinación para quienes glorifican el nazismo y, al mismo tiempo, integrarlo en las estructuras de un Estado democrático, alejándolo del simbolismo asociado al responsable del Holocausto y la Segunda Guerra Mundial.
El inmueble alberga desde ahora el nuevo Centro Policial de la ciudad y dependencias de la Academia de Seguridad, donde también se impartirán cursos de formación para agentes, incluidos contenidos relacionados con los derechos humanos. “La policía de hoy es exactamente lo contrario del simbolismo que está asociado a este lugar. Representa la democracia y el Estado de derecho, la libertad y la dignidad humana, así como su defensa incondicional frente a todos aquellos que las amenazan, contra cualquier forma de extremismo y totalitarismo”, declaró el ministro austríaco del Interior, Gerhard Karner, durante la ceremonia de inauguración de la comisaría.
La remodelación ha transformado por completo el edificio: su antigua fachada amarilla fue sustituida por otra blanca y funcional, inspirada en su aspecto original del siglo XVII. Todo el material retirado durante las obras fue llevado a un lugar secreto para evitar que grupos neonazis pudieran utilizarlo como reliquias para glorificar a Hitler.
Con la apertura de una comisaría en la casa natal de Adolf Hitler, las autoridades austriacas buscan impedir que grupos neonazis acudan al lugar para glorificar al dictador, una práctica que además es delito en Austria, país que fue anexionado por la Alemania nazi entre 1938 y 1945. Hitler nació en esta vivienda el 20 de abril de 1889, aunque solo residió allí sus primeros tres años antes de que su familia abandonara Braunau, una localidad que hoy tiene 17.500 habitantes y se ubica a pocos kilómetros de la frontera con Alemania.
Desde la década de 1930, Braunau fue escenario de reuniones de nazis y, tras la Segunda Guerra Mundial, de grupos neonazis. La casa ha sido durante décadas un imán para estos grupos, que buscaban glorificar a Hitler: fotografiaban el edificio, se llevaban piedras o trozos de la fachada como recuerdo y depositaban flores. En 2024, cuatro ciudadanos alemanes fueron sorprendidos colocando rosas blancas en las ventanas de la vivienda y posando para fotografías, entre ellos una mujer que realizó el saludo nazi.
El semanario alemán Der Spiegel informó la semana pasada que, poco antes de la reapertura del edificio, unos hackers manipularon Google Maps para sustituir la dirección de la casa, Salzburger Vorstadt 15, por el número 88, un código utilizado por neonazis para referirse a “Heil Hitler”, dado que la H es la octava letra del abecedario.
Sobre la entrada principal luce ahora el logotipo de la Policía austríaca, y frente al edificio se mantiene el monumento conmemorativo instalado en 1989, que recuerda a las víctimas del nazismo con la inscripción “Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más fascismo. Millones de muertos lo advierten”.
La inauguración de la comisaría pone fin a décadas de debate sobre el uso de un edificio cargado de simbolismo, que algunos intelectuales e historiadores austríacos han señalado como ejemplo de las dificultades del país para afrontar la memoria de su pasado nazi.
La decisión de convertir la casa natal de Adolf Hitler en una comisaría fue anunciada en 2019, cuando las autoridades optaron por darle un uso policial al inmueble. Esta medida, además de cumplir una función administrativa, busca desalentar cualquier acto de apología del nazismo en el lugar. El proyecto, cuyo costo inicial se calculó en unos cinco millones de euros, se elevó hasta cerca de 20 millones debido al retraso de las obras.
Desde 1972, el Estado austríaco había alquilado el edificio con el objetivo de impedir que se transformara en un lugar de exaltación del dictador nazi. La casa permaneció vacía desde 2011, cuando abandonó el inmueble una ONG que durante años había utilizado el espacio para atender a personas con discapacidad intelectual. Tras varios intentos fallidos de alcanzar un acuerdo de compra con la antigua propietaria, el Estado expropió la vivienda en 2016.
Una comisión de expertos creada para decidir su futuro recomendó darle un uso social, benéfico o administrativo. Los especialistas consideraron que convertirla en un museo podría aumentar aún más su atractivo para grupos extremistas, mientras que su demolición supondría borrar una parte incómoda del pasado. Finalmente, las autoridades optaron por el uso policial, una decisión que también desalienta cualquier acto de apología del nazismo.
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