Keith Thomas, quien quedó cuadripléjico tras zambullirse en una piscina en 2020, pasó de no poder levantar las manos a la cara a limpiarse y alimentarse de forma independiente. El avance fue posible gracias a un implante cerebral que le instalaron en 2023, luego de 15 horas de cirugía cerebral abierta. En ese procedimiento, un equipo de neurólogos completó con éxito la primera doble derivación neural y colocó una interfaz cerebro-computadora (BCI) al paciente.

Tres años después, los investigadores de los Institutos Feinstein para la Investigación Médica presentaron las novedades sobre su progreso. Según el estudio publicado en la revista Nature Medicine, la combinación de las tecnologías de BCI e inteligencia artificial continúa brindando a Thomas una recuperación duradera y transformadora de su extremidad. El paciente recuperó gradualmente la sensibilidad y la fuerza en el brazo y la muñeca, y ahora puede agarrar, levantar y beber de una taza por sí solo.

Keith Thomas ahora puede agarrar, levantar y beber de una taza por sí solo. Foto: Institutos Feinstein para la Investigación Médica

¿Cómo funciona el implante cerebral?

Los resultados han sido tan efectivos que Thomas ahora puede agarrar y levantar cáscaras de huevo huecas sin romperlas casi el 90% de las veces, además de realizar tareas similares mientras habla. Esto representa una mejora significativa frente a los sistemas BCI existentes, que tienen dificultades para gestionar cargas cognitivas. El sistema innovador se basa en cinco matrices de microelectrodos implantadas quirúrgicamente en su cerebro, las cuales, mediante algoritmos de aprendizaje automático, interpretan las señales cerebrales de movimiento con una precisión cercana al 85%.

Se implantaron cinco conjuntos de electrodos en el cerebro de Thomas. Foto: Institutos Feinstein para la Investigación Médica

Esos mensajes neuronales se traducen en patrones de estimulación eléctrica aplicados a los músculos del antebrazo, que se mueven según lo previsto. Paralelamente, sensores integrados en una férula impresa en tres dimensiones miden la presión de agarre y generan estimulación eléctrica en la corteza sensorial, produciendo así la percepción del tacto. “Este enfoque es una nueva forma de tratar la parálisis grave: no solo estamos sorteando la lesión, sino que estamos reconfigurando el sistema nervioso”, afirmó Chad Bouton, especialista en medicina bioelectrónica y coautor del estudio.

“No solo estamos sorteando la lesión, sino que estamos reconfigurando el sistema nervioso”, afirmó Chad Bouton, investigador del estudio, quien destacó que “esta investigación es prometedora para millones de pacientes, ya que abre la puerta a futuras investigaciones y aplicaciones clínicas prácticas que podrían ayudar a cientos de miles de personas que viven con parálisis”. Thomas, el paciente que recuperó el movimiento de sus manos gracias a un implante cerebral, expresó: “Poder sentir la mano de mi hermana, acariciar a mi perro y sentir su pelaje… estas experiencias que la lesión me arrebató han sido recuperadas. Pero más allá de las sesiones de estudio, ahora puedo rascarme la cara y secarme los ojos sin ayuda. La tecnología me ha devuelto la conexión y la sensación de identidad”.

De cara al futuro, el equipo perfecciona su sistema y planea ampliar los ensayos clínicos para incluir a pacientes con distintos grados de lesiones medulares y afecciones neurológicas. Recientemente, probaron el primer bypass neural interhumano, que permitió a Thomas sentir las sensaciones de otro paciente al tocar varios objetos.

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