En 1941, un pozo perforado en Salto, Uruguay, que buscaba petróleo dio con un hallazgo fortuito: abundante agua termal. Lejos de ser un caso aislado, los análisis posteriores confirmaron que se trataba de la primera prueba moderna de una estructura hidrogeológica de escala continental oculta bajo el Cono Sur. Hoy ese sistema es reconocido como uno de los depósitos de agua dulce más relevantes del planeta.

Se trata del Sistema Acuífero Guaraní (SAG), una de las mayores fuentes de agua dulce del mundo. Con 1,2 millones de kilómetros cuadrados de extensión, alberga aproximadamente 30.000 kilómetros cúbicos de líquido vital. Su formación comenzó a almacenar precipitaciones hace unos 20.000 años gracias a capas de arenisca permeable, un fenómeno hídrico natural que sigue activo.

El nombre actual del acuífero fue propuesto en 1996 por el geólogo Danilo Antón, quien buscó honrar al pueblo originario asentado en esa área geográfica. La gestión del recurso es coordinada por la OEA, el Banco Mundial y la UNESCO, con el objetivo de asegurar la seguridad hídrica regional. La UNESCO destaca su importancia en la seguridad hídrica global y promueve la cooperación entre países para preservar y gestionar este recurso estratégico que beneficia a millones de personas.

Especialistas sudamericanos expandieron las investigaciones mediante mapas regionales y análisis científicos. El SAG abastece a millones de personas y promueve la agricultura y el turismo termal en la región.

La UNESCO destaca su importancia en la seguridad hídrica global, promoviéndose la cooperación entre países para preservar y gestionar este recurso estratégico que beneficia a millones de personas. Así es el Acuífero Guaraní de América Latina. Foto: Aquabook

Así es el Acuífero Guaraní de América Latina. Foto: Aquabook

El Sistema Acuífero Guaraní, que abastece a millones de personas con agua potable, riego agrícola, insumos industriales y turismo termal, es compartido por cuatro países sudamericanos. Brasil concentra cerca del 70% de su superficie, siendo el que más aprovecha este recurso gracias a su extensión territorial: sus aguas llegan a ciudades, industrias, sistemas de riego, complejos termales y la producción de agua mineral. Argentina lo tiene bajo las provincias del noreste, vinculado a ecosistemas como los Esteros del Iberá, y lo utiliza para consumo humano, producción agropecuaria y actividades regionales. Paraguay depende de él como fuente esencial para comunidades rurales y urbanas del este, además de respaldar la agricultura y otros sectores productivos. Uruguay, aunque posee la menor porción territorial, lo aprovecha ampliamente para abastecimiento doméstico, riego agrícola y especialmente para sus reconocidas aguas termales, cuya temperatura se debe a la profundidad del reservorio.

El valor estratégico del acuífero promueve la preservación conjunta entre las naciones de la región. Durante una conferencia celebrada en 2025 por la UNESCO, el especialista Miguel Doria enfatizó: "Es una muestra concreta de cómo la ciencia puede unir países".

El Sistema Acuífero Guaraní, un gigantesco depósito de agua dulce subterránea, es vital ante el aumento de las sequías por el cambio climático. Su inmensa capacidad de almacenamiento, la pureza de sus fuentes y el flujo constante de lluvias garantizan la supervivencia de millones de personas. La UNESCO subraya que numerosas comunidades dependen directamente de este recurso estratégico para el consumo doméstico, la agricultura y la industria. Más allá del suministro hídrico, este tesoro natural sostiene los ecosistemas, la seguridad alimentaria y el desarrollo económico regional. Para honrar la herencia cultural e histórica de los países que lo integran, el geólogo Danilo Antón lo denominó “Guaraní”. Paralelamente, la OEA y el Banco Mundial impulsaron iniciativas de conservación multilateral para prevenir la contaminación, el consumo excesivo y el avance urbano descontrolado. A nivel internacional, la comunidad científica define esta cuenca como un paradigma de cooperación transfronteriza sin precedentes. Durante la Conferencia de Alto Nivel sobre Diplomacia Científica en París, el hidrólogo de la UNESCO, Miguel Doria, afirmó: “Estamos viendo que la diplomacia científica no solo construye consensos, sino que asegura el agua para futuras generaciones”. Asimismo, el coordinador Ricardo Burg destacó: “Nunca antes se había logrado una articulación de esta profundidad entre cuatro países para proteger un acuífero compartido”. google icon

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