Antes de que José de San Martín ingresara a Lima, ya había planteado al virrey José de La Serna, durante los diálogos de Punchauca en 1821, la proclamación de la independencia del Perú mediante la instauración de una monarquía constitucional. La iniciativa contemplaba nombrar a un monarca europeo como soberano. Según el Archivo Digital del Congreso de la República, el libertador defendía ese modelo porque lo consideraba "el gobierno más adecuado a las clases, a las costumbres, al carácter y la educación del Perú", convencido de que garantizaría "la independencia, libertad y tranquilidad" y evitaría "el desorden y la anarquía".

Tras declarar la independencia peruana el 28 de julio de 1821, el futuro político de la nación permaneció incierto. Con la guerra realista aún en curso, San Martín evaluó el sistema más apto para asegurar la estabilidad del nuevo Estado. Académicos como Jorge Basadre y Scarlett O'Phelan afirman que el libertador buscó "consolidar primero el orden político antes de emprender una organización definitiva". El inesperado proyecto desató agudos debates entre la élite, intelectuales y militares.

Aunque la propuesta se discutió formalmente en el Protectorado e impulsó una misión diplomática a Europa, diversos factores impidieron su avance. Todo fracasó en 1822. Análisis de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y del Fondo Editorial del Congreso señalan que ese intento frustrado habría modificado profundamente el desarrollo institucional del país e incluso el equilibrio político de Sudamérica. San Martín, respaldado por Bernardo Monteagudo, buscaba un sistema europeo para Perú, pero las gestiones diplomáticas hacia Europa no lograron concretarse.

El plan de San Martín, respaldado por Bernardo Monteagudo, buscaba un sistema europeo para Perú. A pesar de su intento, las gestiones diplomáticas hacia Europa no lograron concretarse.

El debate político entre los libertadores evidenció modelos de gobierno opuestos para Sudamérica. Mientras José de San Martín apoyaba un sistema monárquico institucional como transición cívica, Simón Bolívar favorecía Estados republicanos centralizados. De hecho, Bernardo Monteagudo respaldó el plan sanmartiniano al manifestar expresamente que "el gobierno más conducente a su felicidad es el monárquico constitucional", según sus escritos de 1822.

Al tomar el mando como Protector el 3 de agosto de aquel año, San Martín transformó dicha propuesta en su línea política oficial. Junto al ministro Monteagudo, promovió el establecimiento de la Orden del Sol y la fundación de la Sociedad Patriótica de Lima. En aquel foro de 1822 se discutieron las alternativas del sistema estatal frente a pensadores como José Faustino Sánchez Carrión —firmante como "El Solitario de Sayán"—, quien desde la prensa opositora impulsó más bien un régimen republicano de carácter representativo.

El plan diplomático se formalizó con la delegación enviada a Europa a finales de 1821, conformada por Juan García del Río junto a Diego Paroissien. Los comisionados debían buscar candidatos en las casas reinantes británica, rusa, francesa, portuguesa o española, e incluso se evaluó a Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha. Sin embargo, historiadores como Jorge Basadre, Scarlett O'Phelan y Timoteo Hampe documentan que esas gestiones en el Viejo Continente jamás se concretaron.

El histórico encuentro de Guayaquil en julio de 1822 redefinió la independencia regional. Tras la cita, San Martín renunció al Protectorado y dejó la nación. De inmediato, el Primer Congreso Constituyente asumió el mando e impulsó el régimen republicano, lo que retiró el aval político a la misión enviada a Europa para contactar príncipes. Las gestiones diplomáticas para entregar el trono peruano a Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha colapsaron el 22 de septiembre de 1822. A partir de ese momento, periódicos como La Abeja Republicana consolidaron la causa democrática y Bolívar tomó la dirección militar. Así concluyó el intento de establecer una corona independiente en el país, el cual habría transformado el destino político continental.

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