Desde finales de junio de 2026, la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) puso en marcha el Long Shutdown 3 (LS3), el tercer paro prolongado en la historia del Gran Colisionador de Hadrones (LHC). Este apagado temporal, que se extenderá hasta 2030, reavivó en redes sociales especulaciones conspirativas sobre supuestas aperturas de portales dimensionales o alteraciones de la realidad. Ante esas hipótesis, el CERN aclaró que la pausa operativa responde exclusivamente a un esquema técnico planificado desde hace años.

El LHC, el acelerador de partículas más grande y potente del mundo, está situado en la frontera entre Suiza y Francia. Su función es estudiar la estructura fundamental de la materia mediante choques de alta energía que recrean el estado cósmico posterior al Big Bang, hito que permitió el descubrimiento del bosón de Higgs en 2012. Durante el LS3, un equipo especializado desmontará más de un kilómetro de piezas, renovará aparatos e implementará tecnología avanzada para transformar el LHC en el High-Luminosity LHC (HiLumi LHC).

El propósito central de esta actualización es elevar la luminosidad del colisionador, potenciar el volumen de colisiones subatómicas y recopilar datos sobre eventos físicos atípicos. El director de Aceleradores y Tecnología del CERN, Mike Lamont, explicó que el ajuste de calendario y la extensión de las labores "responden al consenso alcanzado por los comités científicos para preparar la siguiente generación del acelerador".

De esta manera, el CERN desmiente las teorías que vinculan el apagado con portales interdimensionales y reafirma que se trata de un mantenimiento programado dentro del plan técnico del laboratorio. La pausa, que durará casi cuatro años, busca optimizar el rendimiento del LHC para futuras investigaciones sobre la física de partículas.

La investigadora suiza Astrid Stuckelberger desató controversia al sostener que físicos del laboratorio le revelaron la presencia de múltiples dimensiones y la apertura de una vía por donde "entran y salen seres". La especialista llegó a declarar que, en medio de un ensayo en 2024, emergió una criatura no humana que "dejó una bufanda como evidencia". Pese al impacto mediático de sus palabras, estas carecen de respaldo documental, testimonios verificados o validación por parte de la comunidad internacional.

Al margen de estas afirmaciones, las pausas prolongadas del CERN responden al programa operativo habitual de un complejo de esta magnitud. La institución ejecuta cortes multianuales profundos con el fin de actualizar componentes, examinar infraestructuras superconductoras que operan próximas al cero absoluto e integrar avances. Según el laboratorio, estas etapas "son una parte integral del ciclo de vida de los aceleradores de partículas", pues facilitan trabajos simultáneos de mantenimiento, consolidación y optimización. La puesta en marcha avanzará de manera paulatina: los aparatos auxiliares reanudarán actividades a partir de 2028, mientras que la instalación principal modernizada arrancará una nueva fase científica hacia 2030 como HiLumi LHC. Desde el propio organismo resaltan que este formato "producirá alrededor de diez veces más colisiones que el acelerador original", lo cual expandirá el campo de estudio respecto al bosón de Higgs, la materia oscura y enigmas cósmicos pendientes de resolución.

Las hipótesis sobre portales interdimensionales en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) son solo uno más de los mitos urbanos que circulan en redes sociales. Durante años, al centro europeo se le ha vinculado con microagujeros negros, ritos satánicos, fracturas en líneas temporales y eventos telúricos, pero ninguno de esos planteamientos cuenta con publicaciones revisadas por pares ni demostraciones experimentales reales. La postura institucional del CERN es firme: sus proyectos estudian únicamente la física de partículas. Los especialistas aclaran que, incluso si se formara un microagujero negro, colapsaría al instante por la radiación de Hawking sin representar peligro. Además, los rayos cósmicos chocan a diario contra la atmósfera terrestre con una energía mayor a la del colisionador, disipando cualquier riesgo para la Tierra.

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