Bajo la inmensidad del Sahara descansa uno de los mayores depósitos de agua dulce de la Tierra, un vasto recurso hídrico que abarca más de 2 millones de kilómetros cuadrados y es vital para el norte de África, especialmente en Libia. Aunque suele compararse con un océano por su impresionante volumen, los científicos aclaran que ese hallazgo no equivale a un mar oculto, sino a un gigantesco sistema de acuíferos moldeado durante épocas con climas muy distintos al actual.

La masa hídrica subterránea pertenece principalmente al Sistema Acuífero de Arenisca de Nubia, considerado el recurso fósil más extenso de la Tierra. Según la NASA, este depósito abarca casi 2,6 millones de kilómetros cuadrados repartidos entre Egipto, Libia, Sudán y Chad. El recurso hídrico no habita en cavernas gigantes, sino atrapado entre los diminutos poros y grietas de las rocas sedimentarias.

La antigua formación del Sistema Acuífero de Arenisca de Nubia demanda una gestión cuidadosa para evitar el agotamiento de este recurso no renovable.

No obstante, su aprovechamiento representa un desafío: la NASA advierte que se trata de agua fósil acumulada en eras lluviosas, por lo que su extracción requiere obras complejas de ingeniería y una gestión rigurosa para no agotar un recurso no renovable. La riqueza natural evidencia el potencial hídrico en una de las regiones más áridas del planeta, pero la antigua formación del Sistema Acuífero de Arenisca de Nubia demanda una gestión cuidadosa para evitar el agotamiento de este recurso no renovable.

Sistemas de riego del acuífero de Nubia en Al Yauf, Libia, vistos en una imagen satelital. Foto: NASA

Sistemas de riego del acuífero de Nubia en Al Yauf, Libia, vistos en una imagen satelital. Foto: NASA

Según estimaciones del Servicio Geológico Británico, el continente africano alberga cerca de 660.000 kilómetros cúbicos de líquido subterráneo, una magnitud que justifica que "con frecuencia se compara el volumen almacenado con el de un océano". No obstante, varios expertos precisan que "esa analogía hace referencia únicamente a la cantidad total existente y no significa que toda pueda aprovecharse de forma inmediata". Esta acumulación se produjo hace miles o millones de años, cuando la región disfrutaba de lluvias constantes, cauces activos y abundante vegetación. El agua se filtró lentamente en las profundidades de la piedra arenisca y quedó aislada desde la época prehistórica; análisis geológicos indican que una parte sustancial del depósito tiene casi un millón de años de antigüedad.

Este recurso hídrico es un pilar básico para millones de personas en el norte de África. En Libia, el Gran Río Artificial canaliza el agua desde el depósito subterráneo hasta la costa mediterránea para abastecer a ciudades como Trípoli y Bengasi. La NASA califica esta obra como "uno de los proyectos de irrigación más grandes del mundo".

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) señala que “el sistema recibe una recarga insignificante en la actualidad”, lo que, sumado a la escasez de lluvias en la región —con precipitaciones cercanas a un milímetro anual—, impide que la filtración natural reponga las cantidades bombeadas. Por eso, los científicos clasifican este reservorio como una reserva no renovable a escala humana. La extracción enfrenta severos obstáculos técnicos debido a la profundidad del yacimiento, la salinidad y las propiedades mecánicas del terreno, como la porosidad de las rocas y la permeabilidad. Diversos estudios advierten que un bombeo desmedido causaría una caída irreversible del nivel freático, lo cual exige aplicar políticas de conservación rigurosas.

Leer artículo completo en larepublica.pe →