En Turkmenistán, uno de los países más herméticos del mundo, los propietarios de vehículos enfrentaron una restricción inusual durante el gobierno del expresidente Gurbanguly Berdimuhamedov: los automóviles de color negro y otros tonos oscuros fueron prohibidos, permitiendo únicamente la circulación de unidades blancas o, en algunos casos, plateadas.

La medida respondía a la creencia del entonces mandatario de que el color blanco simbolizaba la buena suerte. Esa convicción también se reflejó en la transformación de Asjabad, la capital del país, donde promovió el revestimiento de numerosos edificios con mármol de ese mismo tono. Posteriormente, Berdimuhamedov extendió esa política a los automóviles.

Las estrictas normas incluyen la obligación de mantener los coches limpios, con sanciones para quienes circulen con vehículos sucios o incumplan con el color permitido. De esta forma, Turkmenistán se ha convertido en uno de los pocos países donde el gobierno regula la tonalidad de los vehículos.

Las restricciones de color han convertido a Turkmenistán en uno de los pocos países donde el gobierno regula la tonalidad de los vehículos.

Además de la prohibición de colores oscuros, el gobierno aplica un estricto control sobre el combustible para frenar el contrabando hacia países vecinos. Las autoridades no permiten que ningún vehículo salga del país con más de 300 litros de diésel en el depósito, lo que obliga a transportistas internacionales de Turquía, Irán y Uzbekistán a vaciar parte del combustible antes de cruzar la frontera. A los extranjeros se les aplica un precio especial que eleva el costo del diésel hasta 6 dólares por litro (más de 5 euros), una de las tarifas más altas para quienes transitan por el país.

Hace aproximadamente una década, el gobierno prohibió los coches negros y otros colores oscuros al considerar que el blanco trae buena suerte. Los propietarios deben mantener sus automóviles limpios. Circular con un vehículo sucio o de un color no autorizado puede derivar en la inmovilización del coche y en un proceso que obliga al propietario a comprometerse a pintarlo de blanco o plata claro, asumiendo todos los gastos.

Leer artículo completo en larepublica.pe →